La Nostalgia y Fin de Año

La licenciada Andrea Cecchi nos invita a reflexionar y psicoanalizarnos sobre esta época del año.

Por: Andrea V. Cecchi – Lic. y Prof. en Psicología – Lic.andrea.cecchi@gmail.com

Diciembre parece ser el mes de los recuerdos, la nostalgia, las deudas sin saldar, los objetivos alcanzados o postergados, el mes donde se incrementan las emociones y donde crece la demanda en el consultorio psicológico. Es el mes de movilizaciones internas y donde el tiempo real se nos impone, llega fin de año y para la cultura católica es un mes de comunión porque se celebra el día de la Virgen y el nacimiento de Jesús. No importa que religión se practique, lo cierto es que se vive un clima de turbulencia interna.

Se dice que el tiempo no da tregua, que los años pasan, ese tiempo de reloj inventado por milenarias culturas que intentaron organizarse a través de la naturaleza y de los cambios climáticos que marcan las estaciones del año. Los seres humanos vivimos como si la eternidad fuera algo alcanzable, y se vive imaginariamente como si el final estuviera muy lejos. Esta necesidad de tapar la perentoriedad se ve proyectada en la vida diaria, llena de compromisos, de tareas, de trabajo, de ideas inconmensurables, que “sino será hoy será mañana”. Nuestro Yo consciente intenta vivir en un presente continuo, que solo puede proyectarse en un futuro marcado por el deseo, el presente se escurre pero la idea de futuro ayuda a fantasear la concreción de ese deseo que nos sostiene dejándonos con las ganas. Así “algún día…..” tendremos esto o aquello. Sin embargo nuestro inconsciente es atemporal, no perece ni se modifica, no registra el paso del tiempo, por eso los recuerdos fueron apenas “ayer”, o “nomás el otro día”.

La contradicción entre estos dos sistemas hace que la neurosis venga a nuestro auxilio, logra perpetuarse a través rituales, mediante la compulsión a la repetición donde todo parece volver al punto de partida, el síntoma logra un “presente eterno”. Cuando decimos “siempre me pasa lo mismo”, “esto ya lo viví”, son también parte de ello los sistemas complejos de reaseguro cuando chequeamos la llave de gas, o si cerramos la puerta, o cuando incluso retenemos a alguien en el pensamiento para cuidarlo imaginariamente.

El neurótico construye la idea de felicidad en un tiempo sin tiempo, donde todo se detiene y se disfruta, pero a la vez se angustia de esta falta de corte que marca un antes y un después. La psicoanalista Denicola dice: “…la neurosis se debate en aspiraciones contradictorias de las que sólo pueden surgir síntomas: rituales interminables, letargos que remedan siestas eternas y aburrimientos que suelen ser refugios de angustia”, porque la angustia surge de la incertidumbre.

Por eso se requiere de un balance sobre las adquisiciones y las pérdidas para poder seguir barajando y dando de nuevo e intentar salir hacia adelante, lugar donde se quiere llegar para concluir pero que a su vez se rehúye porque mostraría el paso del tiempo. ¿Entonces que nos queda?, el movimiento y la circulación libidinal, lo que transcurre eternamente, la economía psíquica. Es decir, siempre vamos a desear, a tener hambre, a necesitar hablar, ver, escuchar, esperar, recomenzar, circular, vivir.

Nos alimentamos de deseos, de amor, de relaciones con otros para sentirnos acompañados, para pertenecer. Y en el último mes del año parece ser que nos enfrentamos con más crudeza a los finales, necesitamos sentirnos algo para alguien, la nostalgia de lo que fuimos para los que ya no están, extrañamos a los que están lejos, recordamos momentos felices, sentimos necesidad de comunicarnos y expresar buenos deseos, “detenemos” el tiempo con los abrazos, las reuniones, con lo intangible que nunca caduca.

Solo cuando se acercan los finales o las pérdidas se reconoce el valor de lo humano, ¿por qué esperar a ello?. Mi deseo para todos los lectores es que puedan perpetuarse con otros, no perdamos la oportunidad de amar y de comunicarlo, la sonrisa siempre es bienvenida, la amabilidad, el abrazo, el beso, el contacto y la expresión de nuestros sentimientos nos hace menos temerosos y más felices. Diciembre convoca a tomar conciencia de lo verdaderamente importante. ¡Felices fiestas!.

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