Horacio Pontis: hombre de ciencia, 50 años de investigación

Horacio Pontis: hombre de ciencia, 50 años de investigación

Cada 10 de abril se conmemora en nuestro país el Día del Investigador Científico en memoria al nacimiento del Dr. Bernardo Houssay, allá por el año 1887 en el barrio de Almagro. Fundador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), Houssay fue el primer Premio Nobel de Argentina y de América Latina de Medicina y Fisiología en 1947.

Horacio Pontis tiene la voz calma pero habla rápido y constante. No duda en compartir recuerdos ni anécdotas. La edad hizo camino: hoy sus ojos apenas distinguen las figuras, pero durante más de 50 años fueron sus mejores aliados en su tarea cotidiana devorando libros y andando el mundo con mirada curiosa. Llegó al CONICET hace más de 50 años y terminó su carrera como Investigador Superior Ad-honorem.

Sin dudas, su historia marca una trayectoria en el mundo de la investigación científica de nuestro país y hoy le rendimos homenaje en el Día del Investigador.

Nacido en Mendoza el 24 de marzo de 1928, obtuvo su título de Doctor en Química en 1953, otorgado por la Universidad de Buenos Aires, con calificación Sobresaliente por su trabajo sobre «Esteroides y saponinas en algunas plantas textiles». En esta temática se especializaría a lo largo de su carrera y sumaria luego sus investigaciones en el descubrimiento de nucleótidos de azúcar y de nuevos tipos de fructanos.

“A mí me gustaba la Física Nuclear pero me di cuenta que no iba a ser sencillo aplicar en el laboratorio. Y en mi tercer año, me llamó Deulofeu, que era Profesor de Química Orgánica en la Facultad para que comience a trabajar con él. Ese tema no me atrajo demasiado pero me ayudó a llegar rápidamente a una tesis. Descubrí que mi mundo era la investigación, descubriendo”, relata Pontis.

Tiempo después, comienza a trabajar de la mano de Leloir, ganador del Premio Nobel de Química en 1970. “Trabajar con él era muy diferente. Te daba un tema, uno trabajaba por su cuenta y él asesoraba en lo que uno consultaba. Era totalmente libre de seguir mi propio curso. Y con los años, nos hicimos amigos”, agrega. Juntos sembraron las semillas para gestar lo que serviría luego como espacio para que muchos investigadores encuentren su lugar de crecimiento y su vocación en el trabajo científico.

Luego de unos años en el exterior, vuelve a Argentina en el año 1960, participa como cofundador en la Fundación Bariloche, “mi mejor experimento y experiencia de formación” según sus palabras. Este espacio fue pionero en el país por trabajar de manera conjunta entre investigadores y empresarios.

En 1979, se crea la Fundación para Investigaciones Biológicas Aplicadas (FIBA) a pedido de Leloir, quien donó la mitad del dinero que obtuvo como Premio Nobel, y fue su presidente hasta el día de su muerte en 1987.

En el otoño de 1981, Pontis se radica en la ciudad de Mar del Plata para inaugurar y dirigir el Instituto de Investigaciones Biológicas (IIB) dependiente de la Universidad Nacional de Mar del Plata; y el Centro de Investigaciones Biológicas (CIB) dependiente de FIBA. Éste último pasó en el año 2012 a ser el Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Biotecnología (INBIOTEC), bajo la órbita institucional del CONICET.

Los tiempos han cambiado desde que Pontis se inició en la investigación pero considera que “hay desafíos que siguen siendo los mismos: conseguir subsidios para hacer ciencia es igual de difícil. Pero a diferencia, antes trabajábamos con menos recursos técnicos. Hoy se necesita mucho equipamiento tecnológico muy específico y costoso”.

Reflexiona mucho la respuesta sobre las cualidades que debe tener una persona para dedicarse a la investigación, parece no querer dejar nada fuera y resume: “Creo que debe tener capacidad inventiva, ser curiosos, encontrar nuevas ideas y trabajarlas y si no funciona, buscar otra cosa. Y no tienen que desanimarse porque sólo el 1 por ciento de los resultados de una investigación son positivos, mientras que el 99 por ciento restante son negativos. Y no exagero”.

Cuando rememora acerca de los momentos más emocionantes de su carrera afirma que “fue al producir el primer éster fosfórico de una quetosa en el mundo: la fructosa dofosfato. Eso sirvió después para que otra gente avance en la temática y es algo que me sigue llenando de orgullo”.

Ha pasado mucha historia y casi 50 años después, Pontis continúa investigando y siendo Vicepresidente de FIBA, y es Profesor Titular Emérito de la Universidad Nacional de Mar del Plata.

Hoy recomienda a los que quieran dedicarse a la investigación que “hagan su doctorado en el país, luego vayan al exterior a algún espacio académico de renombre y aprendan lo más que puedan. Y que luego vuelvan al país con todos los recursos y herramientas aprendidas para gestar nuevas ideas y una línea propia de trabajo”.

Una de las mujeres de la ciencia más reconocidas en el mundo, Marie Curie, afirmó que “Un científico en su laboratorio no es un mero técnico, es también un niño confrontando fenómenos naturales que lo impresionan como si fueran cuentos de hadas”.

Con 87 años, Horacio Pontis, hizo camino al andar en el mundo de la investigación y sabe con plena certeza que no podría haber hecho ni elegido otro camino. Y responde atento a la última pregunta: ¿Se imagina una vida diferente, sin la investigación como forma de vida? “Definitivamente no”, responde. Y mira expectante con ojos de niño inquieto.

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