Feliz la que no se rinde

El lic. Mariano Busilachi analiza cómo está el distrito de General Pueyrredon con las cifras de COVID 19 y cómo se encuentra de cara a la próxima temporada.

Por Mariano Busilachi
Licenciado en Comunicación Social. Consultor de comunicación política e institucional.

El último viernes, el Presidente Alberto Fernández brindó una nueva conferencia de prensa en el marco de las medidas adoptadas contra el COVID 19. Con un discurso basado en estadísticas variopintas, como tanto le gusta al Presidente, no brindó precisiones concretas hacia el futuro y la incertidumbre continúa. Quizás haya sido una de las apariciones más flojas del mandatario, ya que quiso mostrar una presencia estatal discutible y una estrategia que suma más rechazos que adhesiones. Además, continuó insistiendo en la responsabilidad ciudadana, sin mostrar ningún tipo de autocrítica sobre los errores que se han cometido en la gestión de la pandemia (recomiendo refrescar la memoria con la anterior columna).

Pero, el único anuncio rescatable de la conferencia del Presidente volvió a encender las alarmas en el partido de Gral. Pueyrredón. Muchos miraron hacia Mar del Plata cuando Fernández anunció la posibilidad de ejecutar medidas más restrictivas en municipios o departamentos de 18 provincias argentinas, en donde aún el virus impacta significativamente al sistema sanitario. Sin embargo, horas después, el gobernador Axel Kicillof no dio ninguna precisión de lo que puede ocurrir aquí en la ciudad. Solo hubo algunas voces oficiales que esgrimieron las diferencias de criterio con el municipio, algo que ya hemos visto los últimos meses.

Resulta interesante detenernos en mirar cómo esta Gral. Pueyrredón al día de hoy con el COVID19 y qué expectativas podemos tener con una temporada que – ya casi – la tenemos a la vuelta a la de la esquina. ¿Cómo están los casos? ¿Qué pasa con nuestro sistema de salud? ¿Qué temporada podremos llegar a tener?

Aclaramos algo de antemano: los datos oficiales del SISA han tenido serias dificultades de retraso de carga, con la consecuente falta de credibilidad sobre las cifras diarias reales. Sin embargo, tomaremos estos datos para hacer el análisis, ya que son las estadísticas que brinda el Ministerio de Salud como organismo gubernamental de referencia.

Tomando solo los últimos diez días, al ver las cifras diarias de nuevos casos activos de COVID 19 en nuestro distrito, uno puede notar que hay un promedio de contagios cercano a las 300 personas por día. Si bien, los contagios siguen incrementándose (pasamos de tener 13239 a 15869 en solo diez días), también nos encontramos con una positiva cantidad de recuperados (en diez días, pasamos de 9338 a 12135). Cuando se compara la cantidad de contagios nuevos con los recuperados diarios, desde el 3 de octubre hasta hoy, uno verá que muy lentamente estamos bajando la cantidad de casos activos. Esto es una muy buena noticia.

¿Y los fallecidos? Volvemos a lo mismo: los datos oficiales no son actuales. En los últimos días, se cargaron personas fallecidas que no solo corresponden a este mes sino también al mes de septiembre. Por eso, se hace difícil saber el panorama real de personas que han perdido la vida por COVID 19 en Gral. Pueyrredón. Al día de hoy son 531 los fallecidos registrados. No es menor porque se trata de vidas humanas. Lo positivo es que la letalidad de la enfermedad es baja. Aunque todo fallecimiento es extremadamente lamentable, desde una perspectiva global se trata de un 3,5% del total de los contagiados, en comparación al auspicioso 76% de recuperados y del 22,5% que aún sigue en tratamiento.
¿Qué ocurre con las camas de terapia intensiva (UTI) y los respiradores (ARM)? Este ha sido un tema que todavía hoy genera mucha polémica ante la falta de exactitudes entre las autoridades sanitarias municipales y las provinciales. En este momento hay 99 camas UTI ocupadas: 55 con personas que contrajeron COVID 19 y 44 con personas que tienen otras patologías. Hay que mirar a estos números con especial atención. Aunque la baja diaria de casos activos es realmente alentadora, no hay que dejar de destacar que todavía la situación de la atención médica preocupa. Incluso, de los pacientes internados en camas UTI por COVID, hay 36 de ellas que requieren de respiradores mecánicos. Es un número alto y se le suma la falta de terapistas con debida experiencia.

Considerando todas estas cifras, hay motivos para seguir preocupados y hay otros para esbozar cierto nivel de optimismo de cara al futuro. De hecho, se ha comprobado que el principal nexo de contagios son los contactos estrechos, resumido según los especialistas en las reuniones sociales. También, no solo en Gral. Pueyrredón sino en el resto del mundo, se ha comprobado – hasta el momento – que las actividades al aire libre implican un riesgo de contagio mínimo. Aún con un sistema sanitario con poco margen de resistencia, ¿se puede pensar en la posibilidad de más aperturas?

Aunque en lo normativo Mar del Plata está en Fase 3 con todas las restricciones que ello implica, desde hace varios días gran parte de la población decidió por sí misma incumplir dicha fase. Después de siete meses de un asilamiento que no ha logrado cumplir con todos los objetivos propuestos, generando incluso un daño colateral económico y psicológico en una parte amplia de la ciudadanía, el vínculo con las medidas gubernamentales se ha roto. El hastío del asilamiento y la desconexión de la dirigencia política con las demandas reales de la población han producido una especie de anarquía, la cual no es producto de una conducta ilegal sino de una necesidad imperiosa de volver a trabajar, de sociabilizar, de sentirse un poco más libre.

Se ha hablado mucho de la responsabilidad de los marplatenses al dispararse la cantidad de contagios hace un par de meses. Sin embargo, los moralistas de la pandemia nunca entendieron que la salud es física pero también es mental y social. Nunca lo entendieron. El que necesita trabajar porque ya no aguanta más tiene derecho a abrir su comercio. El que necesita ver a sus padres porque hace siete meses no los ve y se les está yendo la vida, también tiene derecho a hacerlo. Los niños y jóvenes que no han podido vincularse con sus pares, dicho sea de paso, a ningún científico se le ocurrió una alternativa educativa y pedagógica que no sea la suspensión de clases presenciales, tiene derecho a volver a la escuela (al día de hoy no está comprobado que genere mayor riesgo de contagio). Todavía estamos con la charlatanería barata de decir que el virus se expande porque la gente es tonta y no se cuida.
Es verdad que la situación sanitaria en Gral. Pueyrredón es difícil y necesitamos que el diferencial entre casos activos y recuperados sigan favoreciendo a este último guarismo. De a poco, pero esto está sucediendo. Lo que sí necesitamos con celeridad es que empiecen a bajar la propagación del virus para descomprimir la situación de las camas UTI.

La población debe seguir cuidándose, usar el barbijo, la distancia social, el lavado de manos, los cuidados necesarios. No obstante, también necesita certezas y el gobierno nacional no las ha dado. ¿Qué esperaban entonces que hicieran los ciudadanos? ¿Qué pasa que no aumentan los rastreos? ¿Qué ocurre con los nexos?

Como dije la semana pasada, un buen líder saber reconocer el error a tiempo y cambiar de estrategia. ¿Lo hará el Presidente? ¿La provincia continuará castigando a Mar del Plata con la liviandad de decir que tiene que retroceder de fase? ¿No se enteraron de los números de la pobreza y desocupación?

Entre las diferentes voces que se escucharon esta semana, el Intendente Guillermo Montenegro dijo que “la solución no pasa tanto desde lo punitivo sino desde lo empático y que todos los sectores sepan que hay que cuidarse y tener conciencia de la convivencia que vamos a tener con esta situación hasta que salga la vacuna y el mundo lo está resolviendo de esta manera”.

Varias veces insistió en que no quiere un trato preferencial para Mar del Plata sino uno distinto a otras ciudades, debido a las particularidades que tenemos con el turismo, la gastronomía, la construcción y el comercio. Pareciera que la postura del Intendente no convence aún en La Plata, donde siguen insistiendo en restricciones, como aseveró en las últimas horas el jefe de asesores del Ministerio de Salud bonaerense, Enio García.

Balnearios, restaurantes, hoteles, diferentes comercios ya tienen sus protocolos aprobados por el municipio para encarar la temporada que se viene. Será muy compleja si la situación epidemiológica sigue siendo adversa. Incluso, será difícil en relación a los ingresos a la ciudad y los controles de salud. Pero Mar del Plata deberá prepararse y convivir con ello. Fernando Muro, secretario de Desarrollo productivo de la municipalidad de General Pueyrredón, manifestó esta semana que constantemente se reúnen con todos los sectores involucrados para aportar ideas y soluciones mancomunadas. ¿El gobierno de la provincia de Buenos Aires colaborará? Esa es hoy la gran duda que sobrevuela en el distrito.

No es nada fácil pensar en una temporada de verano teniendo 300 casos diarios y viendo algunas experiencias negativas de periodos estivales de otros países del mundo. Sin embargo, así como mucha gente decidió abrir sus comercios igual por necesidad, la temporada que se avecina no será una excepción. Aun si hubiere trabas o impedimentos gubernamentales, la apertura se hará igual. ¿Vale la pena ir contra eso? Por otra parte, ¿el miedo influirá en la decisión de los turistas de venir a la ciudad? ¿Qué papel jugará la economía?

Como sostuvo recientemente el Dr. Adrián Alasino, Director de la Escuela Superior de Medicina de la Universidad Nacional Mar del Plata (UNMDP), aunque Mar del Plata debiera necesitar dos o tres semanas “fuertes” de Fase 1 para mejorar su situación, eso es imposible de cumplir, siendo menester buscar una estrategia que no subestime a la pandemia y atienda asimismo a la problemática económica. Se trata, ni más ni menos, que de un plan que contemple un justo equilibrio entre ambos problemas. ¿Es fácil? Para nada. ¿Es necesario? Totalmente. ¿Podrá la política ponerse de acuerdo y realizarlo? Esperemos que sí. No hay lugar para poner palos en la rueda, para disputas partidarias ni para sacar los trapos al sol.

Lamentablemente, los habitantes de Gral. Pueyrredón todavía dependemos de una buena temporada de verano. Tal vez, para otro momento, debamos regalarnos una buena discusión de hasta cuándo seguiremos con la mentalidad de balneario y dejemos esa mirada mediocre de que el verano nos salve del crudo invierno.

Necesitamos dejar de depender exclusivamente del comercio, del clima y de la propina que nos deje Capital Federal. Necesitamos entrar a jugar en las grandes ligas de lo industrial, lo tecnológico, el turismo moderno y una ciudad que esté los 12 meses activa. Tenemos todo para hacerlo, aunque hasta ahora no lo supimos, pudimos o quisimos aprovechar.

Hay que serenarse, hay que reinventarse. Hay que entender cómo estamos parados ante el COVID 19 y qué pasos (lentos y seguros) podemos dar para reactivar una ciudad que se ha paralizado. Como toda crisis, esta pandemia puede ser una gran oportunidad para el despegue definitivo de nuestro distrito.

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