Celos

Celos

Por: Andrea Cecchi – Lic. y Prof. en Psicología – Lic.andrea.cecchi@gmail.com

La mitología griega cuenta que Hera esposa legítima de Zeus que representa al matrimonio descubre las infidelidades de su cónyuge e intenta vengarse. Pero como Zeus es el Dios del Olimpo (padre de los dioses y los hombres) logró condenarla entre el cielo y la tierra por un largo período sin tener en cuenta sus propios actos infieles y las consecuencias de ello.

En este relato mitológico lo que no se cuenta es que Hera se casó por conveniencia con Zeus, y que el amor, el matrimonio, la fidelidad, la pasión no eran entendidas como sinónimos, por el contrario eran erigidas como emociones absolutamente independientes.

Los celos siempre requieren de un tercero, real o imaginario que pueda resultar capaz de llevarse al ser amado, implica una sensación de pérdida, porque en la dinámica celosa se habla de la posesión del otro como objeto preciado y su consecuente pérdida provocada por un competidor.

En los celos se juega la dialéctica entre el ser y el tener, hablamos de pulsión de dominio. No es cierto que un sujeto sea propiedad de otro, ni siquiera los hijos son propiedad de los padres, por este motivo los celos representan una forma de posesión del objeto amado idealizado, es decir, de lo que ese ser amado se supone que representa, no de lo que él o ella puedan ser realmente.

El ideal es una imagen que se representa como completa, carente de defectos, y claramente todos queremos poseer una pedacito de magnificencia, entonces reteniendo al ser amado seríamos bendecidos con una porción de esta perfección. Aparece así la rivalidad, “o es el otro o soy yo” como modo de protección a la sensación de desvanecimiento amoroso, “si te pierdo, pierdo todo, mi vida entera”. Nada de esto va a suceder, pero sí sucede en el campo imaginario y cobra un dolor relevante para aquel que siente aproximarse a la carencia, al vacío.

La intervención de la Ley paterna en la temprana edad, ayuda a reconocer a cada uno en su propio valor y comprender la diferencia y aceptarla, colabora generando una visión del otro más real y logra mitigar  el sentimiento celoso.

Los celos no tienen que ver con hechos verdaderos ni se acota a la razón, están relacionados con la excesiva estima que cobra el objeto amado cuando es deseado por un tercero.

No estamos diferenciando ni celos patológicos ni normales como suelen llamarse, ya que es un sentimiento intrínseco del ser humano y no podemos prescindir de él. Sin embargo, y sin meternos en estructuras patológicas, entendemos la conducta celosa como miedo a la pérdida, temor a encontrarnos con ese vacío sin ser taponado por el otro “perfecto” que posee el don de la perfección y la palabra justa que mitigaba el propio encuentro con lo perecedero, al fin y al cabo ¡nadie puede salvarnos de esta vida!, pero que lindo es sentirse completos por un ratito con ese amor que todo lo puede, y aquí se confunden los tantos: ¿es el otro como persona el que me importa o lo que yo creo que representa para mí?.

La alternativa de empezar por uno mismo es siempre el recorrido más eficaz, el otro es solo el depositario y el protagonista (incluso sin saberlo) de la imagen que uno mismo le proyecta y que solo corresponde a la propia fantasía. Para poder desligarnos de ello es necesario una mirada introspectiva para saber de que carecemos y de que responsabilizamos al otro. Y si incluso fuera la infidelidad un hecho consumado, es más corto preguntarse porque se le ha proyectado esa fantasía de perfección a alguien que no puede siquiera sostenerse a sí mismo ni sostener sus propias promesas.

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