El papa Francisco abogó por la paz en Siria, en el marco de la jornada de mundial de oración , al sostener en su discurso efectuado en la Plaza de San Pedro que “la violencia sólo conlleva muerte” y que “la paz sólo se afirma con la paz”.

 

En una breve homilía el sumo pontífice fue tajante en su pedido y convocó al diálogo y la reconciliación. “Hemos perfeccionado nuestras armas pero nuestra conciencia se ha adormecido, hemos hecho más sutiles las razones para justificarnos, y como si fuese una cosa normal, seguimos sembrando destrucción, dolor, muerte”, dijo.

 

Francisco recordó el olivo que plantó en la plaza de Mayo cuando era arzobispo de Buenos Aires como un reclamo permanente por la paz. “La violencia de la guerra tiene el lenguaje de la muerte”, advirtió y aseguró que la paz “es posible para todos”, en un mensaje que fue replicado con misas y rezos en capillas de todo el país.

 

El Papa, que envió una carta a la cumbre del G20 en San Petersburgo, se opone a la intervención militar en Siria prevista por Estados Unidos y Francia, ya que considera que empeorará la masacre, aumentará el odio y no podrá ser limitada.

 

“Perdón, diálogo y reconciliación son las palabras de la paz”, advirtió el Papa en su reflexión en la que apuntó que “la violencia no es el camino” para lograr la pacificación. Y agregó: “La guerra siempre es una derrota para la humanidad”.

 

“En la querida nación Siria, en Oriente Medio, en todo el mundo, recemos por la reconciliación y la paz”, finalizó, calurosamente aplaudido por los fieles.

 

Adhirieron a la jornada de ayuno y una vigilia de oración de Jorge Bergoglio centenares de diócesis, movimientos, organizaciones, municipalidades, sindicatos y grupos de Italia y de todo el mundo. Entre ellos, el gran muftí de Damasco, la Unión Hinduista Italiana y el patriarca ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I.

 

De hecho, el ex arzobispo de Buenos Aires invitó a participar a la iniciativa también “a los hermanos cristianos no católicos, a los que pertenecen a otras religiones y a los hombres de buena voluntad”.

 

En marzo de 2003, también Juan Pablo II había presidido una jornada de ayuno y oración para intentar detener, en vano, la invasión norteamericana de Irak.

 

Para acompañar a Francisco en su cruzada antiguerra, se encuentran movilizadas las conferencias episcopales y las congregaciones religiosas de todo el mundo. En Estados Unidos, los obispos le manifestaron en una carta a Barack Obama su rechazo a una intervención militar.



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