El día en que toda la Iglesia celebra a Santa Rosa de Lima, el obispo de Mar del Plata, monseñor Antonio Marino, presidió la misa en el templo que está dedicado a la primera santa de América Latina, en el barrio 9 de julio de Mar del Plata.

 

Junto a él concelebró el actual párroco, Nicolás Marinelli y todos los sacerdotes que fueron párrocos de la comunidad, en un signo de fraternidad.

 

Sin ningún signo ni amenaza de la famosa “tormenta de Santa Rosa”, y en una hermosa jornada de sol, cientos de fieles se acercaron al templo parroquial, a venerar a Santa Rosa, no sólo durante la eucaristía, sino a lo largo de todo el día.

 

“Santa Rosa vivió una vida austera y profunda, y entendió el misterio de esponsalidad de Cristo y que de eso dependía la fecundidad suya sino también de la Iglesia. Eligió a Cristo y se enamoró de Él. Así como esta santa buscó siempre la perfección, todos estamos llamados a esto, en la familia, el trabajo, en la escuela en la calle; en cualquier lugar Dios me llama a la perfección y a una entrega de totalidad”, resaltó el obispo en su homilía.

 

Más adelante, monseñor Marino, destacó las actitudes de esta joven peruana, “Santa Rosa se dedicó a orar y hacer penitencia por todos en especial por los más alejados de Dios. Que el ejemplo de Santa Rosa nos sirva para enfervorizarnos, para entender que hay que ir a fondo en el anuncio del evangelio de Cristo y en el compromiso de la misión. No somos para nosotros mismos, si bien hay algo único y personal, simultáneamente entiendo que soy cristiano en una comunidad que tiene una misión y soy misionero viviendo el evangelio a fondo”.

 

“Si estamos adentro de la Iglesia tenemos que colaborar para que otros se acerquen y que gracias a nuestro esfuerzo, testimonio, otros sienten ganas de conocer a Cristo y vivir como auténticos cristianos”, concluyó Marino.

 

Al finalizar la eucaristía, el obispo invitó a todos los presentes a venerar la reliquia de Santa Rosa que está en el templo desde hace varios años, es una pequeña porción de uno de sus huesos. De esta manera, los sacerdotes, los niños, jóvenes, familias, y los ancianos se acercaron a homenajear a la primera santa latinoamericana.



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