Es la flamante presidente de CILSA, la ONG de Santa Fe, y una de las más de 5,6 millones de personas en el país que padece una discapacidad.

 

Por estas horas se encuentra en la ciudad de Mar del Plata donde dejará inaugurada un espacio para la capacitación en nuevas tecnologías de personas con discapacidad o en especial situación de vulnerabilidad.

 

Silvia se moviliza en sillas de ruedas y al cumplir siete meses le diagnosticaron Poliomielitis (sumado a una Meningitis) y estuvo noventa días con pulmotor que le salvó la vida. Años espués la operaron en ALPI. A los 6, por primera vez, pudo mantenerse en pie, merced a dos prótesis, un corsé y dos muletas.

 

Cursó la primaria en escuelas públicas y domiciliaras, como consecuencia de las siete operaciones. Gracias a la beca de un Rotary Club pudo cursar la secundaria, pero al ser discriminada por dos colegios se recibió en una academia, tras cursar libre. “Porque el aula estaba en primer piso, porque se podía caer y otros pormenores”, recuerda las respuestas insólitas que le esgrimieron para rechazarla.

 

Aunque siempre colaboró con el kiosco atendido por la familia, apenas cumplió los 15 decidió ayudar a la economía hogareña. Ya que comenzó a trabajar en la Municipalidad de San Martín. Se inició bien de abajo, como cadete en Inspección General. Sección en donde se desempeñó hasta los 21 años. Simultáneamente, como percibía un sueldo magro, trabajaba en un diario local, haciendo cobranzas.

 

“Siempre fui buscavidas”, revela Silvia indicando que luego recibió la notificación de traslado a la Secretaría Privada del Intendente. Allí, estuvo cinco años, “llegando a ser Jefa de la División de Despacho”, rememora con orgullo la mujer que, con solo 21 años, se convirtió en la jefa más joven del municipio.

 

Pero un día decidió presentar la renuncia. Más que nada, porque se había mudado al barrio porteño de Pompeya, a los pocos meses de haber contraído matrimonio con Luis Paz. Un jugador de primera división de básquet en sillas de ruedas del Club Unión Deportistas Argentinos Lisiados (CUDAL), que había conocido en el Servicio Nacional de Rehabilitación, mientras ella hacía sus primeras experiencias en este de deporte. Deporte del que se enamoró gracias a una amiga, que había conocido en ALPI, durante la infancia.

 

Fruto del matrimonio con Paz (de quien está separado), nació el único hijo, Federico. “Fue todo un desafío tenerlo -admite Silvia haciéndose la pregunta de muchos-. ¿Cómo me manejaré con un hijo? Pero como yo veía a muchas amigas mías con discapacidad que los tenían, dije por qué no. Lo que sí sé y me quedo tranquilo es que a Federico le ofrecimos todo el resto de oportunidades en la vida convencional. Después él hizo la elección. Porque prefiere más jugar al básquet en silla de ruedas que al básquet convencional”.

 

En 1987, Silvia Carranza se pasó al Club CILSA Santa Fe y luego, al similar de Buenos Aires, en donde jugó hasta 2009. “Integré la Selección Nacional en los Juegos Panamericanos Panasir ’90, en Venezuela, y Juegos Mundiales ’92, en Aylesbury, Inglaterra”, apunta comentando que en 2010 fue coordinadora de un Torneo Internacional en Montevideo, Uruguay.

 

Al mismo tiempo, comenzó a realizar la coordinación deportiva de la ONG. Del 2004 al 2007 fue miembro de la Comisión de Discapacidad del Foro del Sector Social. En 2005 se convirtió en secretaria de la Comisión Directiva de CILSA. Luego fue directora de acciones institucionales y programas sociales, hasta que en 2008 alcanzó la vicepresidencia de la institución.

 

El 3 de marzo de 2011 obtuvo el Premio Bienal ALPI, “por superar con voluntad y fe las dificultades de su vida”. “Cuando recibí la estatuilla, me pidieron que diga una frase. Elegí una de la Madre Teresa de Calcuta: ‘Si no puedes correr, trata; si no puedes trotar, camina; si no puedes caminar usa un bastón, pero nunca te detengas”, rememora Silvia Carranza, quien desde fines de 2012, es la presidenta de CILSA.

 

Al respecto, dice: “Estoy feliz por alcanzar el máximo cargo de la ONG. No por la palabra, sino por poder decidir (en equipo, por supuesto) muchas cosas que le pueden beneficiar a la persona con discapacidad”.

 

“Todo lo que hago, no lo hago solo por aquello que no tuve, sino por aquello que tuve y quiero que los demás también tengan”. Esta frase fue escrita por Silvia y la pone en práctica todos los días desde que sale a trabajar.

 

Gentileza: Juan Ignacio Penlowskyj – coordinador prensa Cilsa



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