El obispo de Mar de Plata, monseñor Antonio Marino, presidió la procesión y la misa central, en el Santuario de San Cayetano, que este miércoles 7 de agosto se convirtió en el principal escenario religioso de la ciudad.

 

Como es tradicional, durante todo el día se realizaron misas, bendiciones, hubo confesiones y una extensa cola de fieles que querían acercarse al santo para llevarle sus intenciones, las de sus familias y amigos.

 

La misa comenzó minutos antes de las 16. Al iniciar la homilía el obispo, expresó su alegría “es muy hermoso para el obispo y para los sacerdotes, pastores del pueblo contemplarlos numerosos y expresando con entusiasmo la fe”.

 

“El lema de este año, es por la justicia y dignidad, pan y trabajo. El trabajo lo sabemos es una necesidad, es algo que hace a nuestra dignidad, es un derecho porque mediante el trabajo, nosotros somos como las manos de Dios en este mundo, prolongamos su creación. El pan debe ser el fruto de ese trabajo. Y nuestro pueblo anhela trabajar, y por eso viene a confiar al santo de la providencia, que nunca falte el trabajo y el pan. Con esta palabra pan nombramos un símbolo, no es sólo lo que ingerimos mediante nuestra boca, es todo lo que necesitamos para vivir con dignidad, para volvernos más plenos, para hacer útiles a los demás”, manifestó el prelado.

 

Y luego exhortó a los fieles, “pedimos a Dios, por la intercesión de San Cayetano, que no falte el trabajo. Es uno de los deberes primeros que tienen los dirigentes en la sociedad: asegurar este derecho primario a trabajar. Y nuestro pueblo no desea regalos, dádivas, desea que el pan llegue a la mesa, ganándolo, mediante el trabajo, el trabajo que nos hace dignos, y este es el orden justo, la justicia. Cada uno de nosotros tiene que comprometerse cada día a mejorar ese pedazo de mundo, en el cual Dios nos ha puesto: mi casa, el lugar donde vivo”.

 

Finalmente el obispo, asumió “las intenciones, los anhelos, los sufrimientos, las alegrías de cada uno de ustedes. En esas espigas que llevan, va simbolizado todo lo que acabamos de mencionar. Que el Señor los bendiga, bendiga sus hogares y los mantenga siempre de pie, en estado de lucha porque esta vida es así, es permanentemente sostener el combate para que la llama de la fe no se apague”.



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