El abogado Marcelo Saviolli ha tenido intervención en varios episodios relacionados con siniestros de tránsito en Mar del Plata y recientemente asumió la representación legal de la familia del trabajador del INIDEP fallecido luego de ser atropellado por una camioneta 4×4.

 

Mientras se sigue con atención el avance de esta causa por el cual hay una persona detenida, analizó lo que sucede en la ciudad con la inconducta de la gente en lo que atañe a las normas de tránsito, así como la intervención de la justicia.

 

La gente no proyecta lo que ocurre en el tránsito con víctimas fatales, se siente al margen, se desentiende, no le da importancia a todo lo que ocurre y cree que nunca le va a pasar“, reflexionó.

 

En declaraciones a Radio La Red (FM 91.3), el abogado aclaró que dentro de su actividad profesional, en determinados casos, adoptó el rol de defensor y en otros de representante de los damnificados.

 

“Una visión objetiva de la cuestión me lleva a pensar que el problema del tránsito en la ciudad evidentemente no tiene solución. La cantidad de hechos que se producen a diario llama la atención, sorprende, y eso parece ser un problema que no se puede resolver”, reflexionó.

 

Marcelo Saviolli también analizó el accionar de la justicia en los casos de los mal llamados accidentes de tránsito. “Los fallos pueden ser criticables o no, pero desde el punto de vista jurídico las entiendo y en algunos casos cuando uno no está conforme tiene la posibilidad de apelar recursos para obtener, sobre la base de ciertos fundamentos, una respuesta mas adecuada”, indicó.

 

Ante lo expuesto, condieró que el problema no pasa por la justicia sino básicamente por el caos que se vive a diario con el tránsito.

 

En cuanto al impacto que podría tener dentro de la sociedad condenas mucho más ejemplificadoras y modificar el código penal para determinados casos de homicidios culposos agravados por el uso de un vehículo, Saviolli consideró que podría ser una medida a analizar.

 

No obstante, entendió que la cuestión es mucho más profunda y está directamente relacionada con la conducta de los ciudadanos.

 

“Lamentablemente pareciera ser que los ciudadanos no proyectamos todos estos hechos que ocurren a diario con víctimas fatales, estamos como al margen, desentendidos, despreocupados como que no le damos importancia a todo lo que ocurre y creemos que no nos va a pasar, ya sea que uno pueda atropellar a alguien y provocar la muerte o lesiones o que uno sea la víctima, eso no es fácil de proyectar”, expresó.

 

En ese aspecto, recordó el caso de Tamara y Juan Manuel, quienes fueron atropellados y murieron en Juan B. Justo y Martínez de Hoz, y donde representó a las familias de las víctimas.

 

“Recuerdo muchas marchas de las familias en esa esquina donde hay una estrella amarilla con la foto de Juan Manuel y sin embargo uno pasa a diario por ese lugar y los vehículos suelen desarrollar velocidades importantes, desentenderse del cruce peatonal o del ordenamiento del semáforo y pensar que en ese lugar fallecieron dos chicos”, comentó.

 

De estos casos no queda demasiado en el espíritu de la gente, como mínimo tener una conducta de acuerdo a lo que marca el código de tránsito asumiendo ciertas responsabilidades, es algo que llama la atención pero es lo que pasa cotidianamente y no solo en Mar del Plata”, concluyó.

 

Por: Gonzalo Patrone
PUNTONOTICIAS
Radio La Red FM 91.3



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Comentarios:

1 Comment

  1. Gabriel
    27 junio, 2013 at 5:40 PM — Responder

    Si uno quiere ver como es una sociedad, solo basta con mirar el tránsito vehicular y peatonal. El tránsito en las calles, ya sea de grandes ciudades o de pequeños pueblos rurales, en las rutas, en los caminos vecinales o donde quiera que circulemos en los diferentes medios de trasporte, constituye, hoy día, una de las formas en la que nos socializamos. Constituye el “primer encuentro” con la sociedad toda, ni bien salimos de nuestras casas. Es el tránsito, diría, una de las primeras acciones que llevamos a cabo cotidianamente en “sociedad”. Es la forma en la que nos relacionamos con otras personas que no conocemos. Por lo tanto el otro es un anónimo, de la misma manera que nosotros somos anónimos para los demás. Así, como al “otro” no lo conozco, no lo respeto y viceversa. Somos, desgraciadamente, una sociedad anómica (dícese de la persona que presenta una conducta que no se ajusta a las normas sociales establecidas.). Es entonces el tránsito, una norma social establecida a la que deberíamos ajustarnos a diario y no lo hacemos. Y no lo hacemos a sabiendas. Nadie ignora que un semáforo en luz roja significa que hay que detener la marcha. Nadie ignora que en la senda peatonal, tiene prioridad el peatón y que en la calzada tienen prioridad los vehículos. Pero así y todo, no lo respetamos. Ponemos excusas…que la senda peatonal no está pintada, que comencé a cruzar el semáforo cuando estaba en amarillo, que ingresar a una rotonda a 20 km/h es demasiado lento y si así lo hiciera, el resto del tránsito nos “pasa por arriba”, que si bien tiene derecho al paso el vehículo que en una bocacalle viene por nuestra derecha, pasamos primeros porque estamos apurados, que si uno circula a 80km/h en una ruta se duerme, etc., etc. Innumerables excusas! Todo tan solo para no respetar las normas de tránsito. Algunos podrán decir que fallan los controles. Quizá sea necesario aumentarlos. Tal vez deberíamos llevar con nosotros, en cada vehículo un agente de tránsito porque ya nos conocemos…, donde no hay control, nos descontrolamos inmediatamente. Otros dirán que la justicia no procede en tiempo y forma, que las multas deberían ser muchísimo más onerosas, que los exámenes para obtener la licencia de conducir deberían ser más estrictos, etc. En síntesis, decimos muchísimas cosas sobre como deberían ser las cosas, pero seguimos sin hacer nada al respecto.
    Luego despotricamos contra los grupos hegemónicos, contra los gobiernos, contra la justicia, contra los políticos. Pero todas estas “entidades” están compuestas por personas como nosotros. No vienen de otro planeta. Y si nosotros, con una mínima cuota de poder que nos da conducir un vehículo, cualquiera que este fuera, o el que nos da el cruzar la calle por donde nos da la gana, ¿qué podemos esperar de nosotros mismos, puestos en una situación de poder mayor?
    Insistimos con la falta de controles, con la corrupción, con la impericia, pero creo que ya es hora de que como sociedad, comencemos a ser nuestros propios controladores. ¡Dejemos de ser corruptos! Dejamos el auto en doble fila, para dejar a los chicos en la escuela para luego insultar o intentar sobornar al agente de tránsito por que nos levanta una infracción.
    Repito, si hacemos estas cosas con un mínimo de poder…que seríamos capaces de hacer si tuviéramos el mando de los grupos hegemónicos, del gobierno, de la justicia…Creo que ya lo sabemos!

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