Los datos fueron suministrados por el Ministerio de Trabajo de la Nación en la víspera de conmemorarse el Día Mundial contra el Trabajo Infantil y surgen de la comparación entre la Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes (EANNA) realizada en 2004 y la Encuesta Anual de Hogares Urbanos (EAHU) del tercer trimestre de 2012.

 

“Es una reducción sumamente importante; lo que marca es el éxito de las políticas públicas que se están llevando adelante y nos da la tranquilidad de que vamos por el camino correcto, pero nos obliga a redoblar esfuerzos porque hay todavía chicos trabajando”, dijo la presidenta de la Comisión Nacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (CONAETI), Pilar Rey Méndez.

 

“La reducción del trabajo infantil siempre se debe a una combinación factores y sin poder establecer una relación directa, podemos enumerar una serie de acciones que tuvieron lugar que, en mayor o menor medida, deberían haber contribuido a este descenso”, seguró a Télam Gustavo Ponce, Punto Focal de Trabajo Infantil de la Oficina de País de la OIT para la Argentina.

 

Entre ellos, citó las nuevas leyes contra el trabajo infantil, la adopción de estándares mínimos en la inspección, la creación de centros de cuidado infantil en el sector agrícola, la Asignación Universal por Hijo y la articulación público-privada.

 

“Son elementos que han permitido mantener el tema en la agenda pública y cuyos resultados se deberían reflejar progresivamente en el descenso” del indicador”, dijo.

 

Se entiende por trabajo infantil a toda actividad económica remunerada o no, realizada por niñas y niños, por debajo de la edad mínima de la admisión al empleo o trabajo que en la Argentina es de 16 años.

 

“Trabajo infantil encontramos en el ámbito urbano y en el rural. Hay distintas modalidades, tal vez la que está más arraigada es la del trabajo infantil agrícola, por eso venimos instalando una política muy fuerte para erradicarlo”, dijo Rey Méndez.

 

En cuanto a las causas del trabajo infantil, se destacan los factores económicos (desempleo, pauperización salarial, distribución inequitativa del ingreso), y la vigencia de patrones culturales que legitiman algunas prácticas tradicionales.

 

Pero, en realidad, el trabajo infantil implica una vulneración de los derechos del niño y un atentado contra su normal desarrollo.



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