El arzobispo de Mercedes-Luján, monseñor Agustín Radrizzani, presidió el tedeum por el 25 de Mayo en la basílica de Nuestra Señora de Luján, al que acudieron la presidenta Cristina Fernández y buena parte del gabinete nacional.

 

En su homilía, apeló al espíritu del famoso discurso “Tengo un sueño” que Martin Luther King pronunció en 1963 en el Lincoln Memorial y también en frases del papa Francisco, sobre todo referidos a los tres “amores” del pontífice argentino: pobreza evangélica, a la paz y por la creación.

 

El prelado recordó que el entonces cardenal Jorge Bergoglio advertía que la Argentina “tiene demasiados pobres y excluidos, los cuente quien los contare … Lo que hay detrás de los números son personas, hombres y mujeres, ancianos, jóvenes y niños. No se trata sólo de un problema económico o estadístico. ‘Es primariamente un problema moral que nos afecta en nuestra dignidad más esencial’… No podemos admitir que se consolide una sociedad dual. Más allá de los esfuerzos que se realizan, debemos reconocer que somos una sociedad injusta e insolidaria que ha permitido, o al menos consentido, que un pueblo otrora con altos índices de equidad sea hoy uno de los más desiguales e injustos de la región”.

 

“Sueño, y creo que todos los hombres de buena voluntad comparten este sueño, con una patria más equilibrada socialmente, donde quien tiene comparta y no solo acumule y quien no tiene pueda ser aliviado en su necesidad dignamente: pudiendo encontrar un trabajo que le dé bienestar para él y su familia; una educación que lo saque del aislamiento y lo haga capaz de abrirse horizontes justos y liberadores; un acceso a la salud que le permita desarrollarse en igualdad de condiciones; una inclusión social que lo haga protagonista y no solo receptor de ayudas. Es mucho lo que se viene haciendo, pero es mucho todavía lo que falta para crecer en justicia y hermandad”, advirtió.

 

Tras señalar que Bergoglio lamentaba en su último mensaje de Cuaresma que los argentinos se acostumbren a convivir con “la violencia que mata, que destruye familias, aviva guerras y conflictos”, afirmó que “la paz es un don de Dios, brota de la reconciliación y de la derrota del pecado en todas sus formas conseguida por la muerte y resurrección de Cristo: sólo en El encontramos la verdadera paz”.

 

“Sueño con que esa paz brote de corazones renovados por el amor de Dios, corazones humildes que sepan perdonar para poder ser perdonados y así podamos recomenzar con la esperanza que el Señor nos regala”, sostuvo delante de las autoridades.

 

El arzobispo se refirió también, con palabras del Papa, al necesario cuidado de la creación y recordó que obispos de la Patagonia en su declaración sobre la minería a cielo abierto manifestaron la necesidad de un compromiso serio para “garantizar que los pueblos y zonas cercanas a los emprendimientos mineros puedan mantener: su forma de vida, sus trabajos, sus costumbres productivas, su agua, sus cerros, sus bosques•” y reclamaron “voluntad política” para un “efectivo control social sobre tales emprendimientos”.

 

“Por esto sueño con una nación donde se multipliquen las fuentes de trabajo aquí y en el interior de nuestra Patria, pero nunca el afán de ganancias debe ir en desmedro de lo que Dios nos dio en esta maravillosa tierra argentina”, precisó con sus palabras.

 

Monseñor Radrizzani agradeció, en la persona de la Presidenta, al Estado Nacional que “destinó aportes importantes para hacer realidad el compromiso asumido en su primer decreto por el entonces presidente de la República, el doctor Néstor Kirchner” y consideró que “sin esta asistencia no hubiera sido posible regalarles a los argentinos la renovada belleza de esta casa que nos cobija a todos”.



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