Por Victoria Vuoto*

 

El 31 de Mayo de 2011 el Gobierno de Gustavo Pulti firmó el “Acuerdo por la seguridad democrática” en aquella oportunidad, cuando también firme, pedí que el mismo no quedara en letra muerta. Y parece que así fue, que el Gobierno Municipal firmó un compromiso que a dos años no cumplió.

 

Como se expresó en el documento, para avanzar en un abordaje integral de la seguridad, deben diseñarse medidas basadas en información veraz. Necesidad reconocida por el Ejecutivo Municipal al rubricar el acuerdo a través de su secretario de Seguridad César Ventimiglia y Leandro Laserna en representación de Acción Marplatense. Nunca se arbitraron las medidas para confeccionar esas estadísticas.

 

Así, dos años después sin diagnóstico, se anuncia la creación de una Policía Municipal. Mis primeros interrogantes fueron: 1.- Para que quiere una Policía Municipal? 2.- Sobre qué realidad va a intervenir esa fuerza de seguridad? La primera encontraba su respuesta más inmediata en la necesidad que los Intendentes tengan la conducción política y estratégica de la fuerza policial. Aspecto fundamental. Y la segunda, aún no tiene respuesta.

 

Las ciudades seguras son aquellas donde el vecino tiene seguridad de que no lo van robar, y también tiene seguridad de tener educación, trabajo, jubilación digna, salud, vivienda, tiene seguridad de tener futuro. Las ciudades seguras tienen mecanismos de prevención y represión del delito y también políticas de inclusión social, para garantizar los derechos de todos y todas. Para hacer ciudades seguras se necesita mucho más que una Policía Municipal.

 

Pensar las medidas a adoptar para resolver la problemática de inseguridad es analizar la realidad y planificar integralmente las respuestas que debe dar el Estado.

 

El anuncio del Intendente de crear una Policía Municipal, improvisado en un comienzo, fue tomando forma y dilucidando incógnitas con el correr del tiempo. Sin embargo, el aspecto central aún no ha sido abordado.

 

Debemos tener en cuenta, que en América Latina la transformación de la seguridad inicialmente se limitó a los cambios en las policías, los esfuerzos sucesivos se fueron diversificando para incluir otros componentes. Uno de ellos fue el desarrollo aun incipiente de políticas públicas integrales en seguridad comunitaria, que no solo involucre acciones de control y sanción del delito, sino de prevención, rehabilitación y reinserción social, y atención a la víctima.

 

Es, el de la seguridad comunitaria, un problema multicausal y de gran complejidad, donde el único actor relevante no puede ser la policía, aunque si ocupa un lugar de protagonismo. Bueno es tener en cuenta estas experiencias y no caer en el reduccionismo de querer resolver una problemática tan compleja con un solo actor. Convencida que el Dr. Alberto Binder, a quien se encomendó la confección del proyecto en cuestión, conoce en profundidad estos aspectos, confío en que podamos avanzar en las demás aristas del mismo. Mis dudas yacen sobre la voluntad política del Intendente de avanzar en serio en el diseño de políticas de seguridad.

 

Si vemos la inmensidad de tareas y desafíos que tiene el ejecutivo municipal, vemos que la Policía Municipal es uno.

 

En primer lugar se anunció que la misma portará armas y que se solicitará a los vecinos una contribución al efecto.

 

He de adelantar que estoy de acuerdo con el primer aspecto si esta fuerza se inscribe en el marco de un plan de intervención serio, claro e integral. Debemos remarcar que la formación de sus efectivos debe ser la adecuada, tendiente a la profesionalización y la máxima conducta ética y respeto por los derechos humanos. No es convincente que en 6 meses los aspirantes estén preparados para portar armas.

 

Y con el segundo de los aspectos no estoy de acuerdo, no deben ser los vecinos quienes sigan sufriendo sobre sus espaldas la presión tributaria. Incorporándose nuevas sobre tasas, que tienen destinos pocos claros.

 

En fin, dos de los grandes interrogantes inmediatos que ocuparon la agenda pública fueron despejándose a medida que se avanzaba en la confección del proyecto. Pero las incertidumbres crecen.

 

Ahora bien, la Policía Municipal y los detalles de la misma son quizá la gran preocupación del momento, y para asegurarnos que sea una experiencia exitosa no debemos perder de vista que la misma debe necesariamente enmarcarse en una estrategia, con objetivos y líneas de acción claros donde la creación de una fuerza de seguridad sea una de las herramientas. Las políticas para tener éxito deben contar con estrategias y planes que tengan metas claras, asignación de responsabilidades institucionales y recursos presupuestarios, así como indicadores de proceso y de resultado que hagan posible su evaluación.

 

Es altamente positivo que se piense en ejercer la conducción civil y estratégica de las policías, con pleno control de la institución.

 

Este sistema policial debe estar estrictamente subordinado a las directivas de seguridad de las autoridades políticas. La delegación de estas responsabilidades ha llevado al autogobierno de la policía, una experiencia muy mala. Deben preverse mecanismos de control interno de carácter civil y control externo del desempeño y de la legalidad sobre la fuerza de seguridad municipal. Así como también un sistema de formación y capacitación policial no militarizado y anclado en valores democráticos y un régimen profesional basado en el escalafón único.

 

No hace falta poner a más gente haciendo lo mismo, la Policía Municipal debe tener otra impronta en su composición y también sus objetivos. Debe definir el número de policías óptimo por número de habitantes (según ONU., unos 266 por cada 100.000 habitantes, en el caso de los países desarrollados) y, a partir de aquí, intentar optimizar su tarea, no exclusivamente en la represión del delito, sino en evitarlo y solventar los problemas de la comunidad. Lo que se quiere, es que la policía haga cosas diferentes.

 

Todo ello, demanda una direccionalidad política clara, certera, comprometida y sostenida en el tiempo. Allí radica mi gran duda. Si se quiere hacer una experiencia exitosa, y no un simple anuncio con bombos y platillos, debemos aprovechar este momento, en el que además de contar con la presencia de especialistas trabajando en la ciudad, la ciudadanía participando y las recientes estadísticas de la Suprema Corte, que nos dan algunos datos que permiten dar impulso al diseño de políticas de intervención y convocar a todas las fuerzas políticas, sociales, instituciones intermedias a discutir un Plan Integral de Seguridad que tenga objetivos y metas claras, y defina a la Policía Municipal como una de sus herramientas no como el todo. Y una herramienta destinada a objetivos claros, con mecanismos que permitan analizar los resultados de su intervención. Si no hacemos eso, el horizonte seguirá oscuro para todos los marplatenses”.

 

*Victoria Vuoto es abogada, apoderada de la querella unificada en Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de Mar del Plata en los juicios por delitos de lesa humanidad, ex integrante del Seminario Permanente por los Derechos Humanos de la Facultad de Psicología de la UNMDP, Secretaria General del Movimiento Libres del Sur, Integrante de la Mesa del Frente Amplio Progresista.



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