Por: CTA GRAL PUEYRREDON – BALCARCE – MAR CHIQUITA

 

A mediados del siglo 19, las condiciones de trabajo que generó la revolución industrial fueron verdaderamente criminales para la clase obrera del creciente mundo capitalista.

 

La jornada de trabajo se extendía por más de 12 horas, la disciplina laboral era controlada por capataces que castigaban duramente a quienes no cumplían con las pautas impuestas, las condiciones de salubridad eran deplorables y nadie osaba hablar de seguridad laboral, en una contratación que incluía, indiscriminadamente, hombres, mujeres y niños.

 

Ante los abusos de la patronal, los trabajadores fueron organizándose y mediante diversas maneras de lucha fueron logrando, a costa de sangre y vidas, el reconocimiento de derechos.

 

Hoy, las grandes multinacionales y los países capitalistas del mundo globalizado, acosados por la más grande crisis de su historia, emanada de su propia esencia de clase explotadora, continúan descargando, como siempre, sus tremendas consecuencias sobre los hombros de la clase obrera y de los pueblos de todo el mundo, cada vez más alejados de una vida digna.

 

En los países de Nuestra América, el poder multinacional y sus cómplices vernáculos reproducen a diario falsas polarizaciones que suman confusión y desvían la mirada hacia cuestiones alejadas de la contradicción principal que, hoy como ayer, sigue siendo Liberación ó Dependencia y el logro de una democracia plebiscitaria y plena de protagonismo popular que permita avanzar hacia la definitiva emancipación de América Latina, en camino a la construcción de una sociedad sin explotadores ni explotados.

 

Respecto de nuestro país, ha habido reformas en beneficio de nuestra clase, pero no son lo necesariamente profundas para un proceso de liberación. Y se oponen claramente, a ese fin, la ley antiterrorista, el impuesto a las ganancias sobre los salarios, la no recuperación de nuestros recursos naturales y la aprobación de la llamada “democratización de la justicia” sin haberla debatido en el seno los trabajadores.

 

Aunque el sistema capitalista haya ganado voluntades para “festejarlo con un asadito”, el Primero de Mayo no es un día de fiesta, es un día de reflexión y de lucha, un día de conmemoración para rendir homenaje a todos aquellos que cayeron luchando para hacer más digna la vida del hombre y conquistar la auténtica libertad.



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