Tras un largo tiempo de inacción, producto de la construcción de la nueva terminal ferro automotora y de los vaivenes propios de las diferentes jurisdicciones oficiales que debían resolver el problema de su ubicación, el “Vagón de los títeres” ya tiene su lugar definitivo.

 

En avenida Luro y Misiones, muy cerca de la vieja locomotora, este ícono del teatro de títeres de nuestra ciudad muy pronto abrirá sus puertas para iniciar un recorrido por la magia de los personajes que dibujarán nuevas sonrisas y nuevas emociones entre los más pequeños.

 

Un rápido operativo realizado por personal del Evisur colocó el viejo vagón en su andén definitivo.

 

El secretario de Cultura, Luis Reales destacó la “alegría de que el vagón esté donde tiene que estar, volviendo al trabajo… Es un icono mundial, ya que no se conocen precedentes en el mundo y como patrimonio cultural cuenta con todo nuestro apoyo. Debo reconocer la lucha para lograr este objetivo de su creador y fundador, el actor y titiritero Daniel Di Lorenzo, que no se dejó vencer por los obstáculos, por su cordura y sensatez…”

 

Di Lorenzo por su parte reconoció que “es esta una realidad a la que llegamos merced a una suma de voluntades que implicaron a la Nación, a la Provincia y a la Municipalidad y a los funcionarios que reconocieron, apoyaron y pusieron en valor el producto del trabajo de un grupo de artistas independientes”.

 

“El vagón estará abierto a todos los titiriteros que se acerquen -remarcó- Falta ahora la conexión de los servicios y comenzaremos a trabajar, se realizarán funciones solidarias y va a estar dispuesto para el próximo Festival Internacional de Títeres”.

 

Numerosos artistas, representantes de entidades y funcionarios se acercaron para participar de esta buena nueva para la cultura marplatense.

 

Una historia que se inició hace 17 años

 

“En 1996 -rememora Daniel Di Lorenzo- teníamos muchas dificultades para realizar nuestro trabajo, los espacios públicos no alcanzaban a ofrecernos más que una función mensual y alquilar salas o comprometernos con algún teatro privado se nos hacía muy costoso. En ese entonces se nos ocurrió buscar un lugar por la calle 9 de Julio frente a la estación de trenes que por ese entonces, a partir de la iniciativa de Eduardo Zanoli se trataba de reivindicar como valor patrimonial y hablando con él fue él mismo quien nos sugirió la idea de ocupar uno de esos vagones. Se hicieron las gestiones y lo logramos”.

 

“Primero fue en el tren cultural que el propio Zanoli había impulsado. También se hicieron giras por pueblos, como furgón de cola de los trenes que cumplían el servicio. Visitamos un montón de pueblos en las distintas estaciones, hasta que nos ubicamos en esta estación de trenes, ocupando varios espacios… Y hoy, con mucha alegría, llegamos aquí, a lo que deseamos sea su lugar definitivo”.



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