A partir de este martes competirán por imponer un nuevo papa dos sectores de la curia enfrentados en una lucha por poder que quedó revelada con el famoso escándalo de filtración de documentos “Vatileaks”.

 

Uno de los sectores será liderado desde dentro del cónclave por el secretario de Estado y camarlengo, Tarcisio Bertone, de 78 años, mientras su antecesor en el primero de esos cargos, Angelo Sodano, con 85 años, intentará dirigir los hilos desde afuera.

 

Pero frente a esos dos líderes surgió a su vez una rebelión, el llamado bloque “pastoralista”, que se resiste a las imposiciones de la curia y reclama un papa ajeno a los escándalos y capaz de dar un nuevo impulso a la Iglesia católica en crisis.

 

Para los fieles de la Iglesia católica, la elección del Sumo Pontífice es un momento de espiritualidad, de comunión y oración, en la esperanza de que Dios, a través del Espíritu Santo, sea el guía en una decisión tan trascendental.

 

Tras cinco días de reuniones, el colegio cardenalicio –formado por los 115 cardenales electores y los 90 purpurados mayores de 80 años- decidió el pasado viernes la fecha del cónclave.

 

Eric Frattini, autor de libro “Los cuervos del Vaticano”, que contextualiza y reproduce 47 de los más de 60 documentos del `Vatileaks”, señaló que las negociaciones por la fecha y el futuro papa se desarrollaron entre “bertonianos”, los fieles al actual Secretario de Estado Bertone –que controla la maquinaria vaticana-y los “diplomáticos”, seguidores de Sodano, su antecesor en el cargo, y decano del Colegio Cardenalicio.

 

Estos dos grupos están enfrentados desde el final del papado de Juan Pablo II, como quedó reflejado en los documentos secretos filtrados a la prensa italiana. Pero tras la filtración, Bertone se convirtió en el centro de las críticas, puesto que aparece como el responsable del “mal gobierno” de la Santa Sede, enemigo de la transparencia, ambicioso y como un verdadero manipulador.

 

Por su parte, Sodano representa a la “vieja guardia” de Juan Pablo II, más eficaces en el manejo de los asuntos vaticanos, pero no menos salpicados en lo que respecta a los escándalos de corrupción y abusos sexuales. De hecho, “Sodano es considerado uno de los grandes encubridores de Marcial Maciel y los Legionarios de Cristo”, recuerda Frattini en su libro.

 

Bertone y Sodano “pensaron que en cuanto entraran en la congregación iban a poder decidir ellos, pero un grupo compuesto por seis cardenales norteamericanos presentó un combate puro y duro”, aseguró Frattini.

 

Este grupo, junto con los alemanes y brasileños, capitanea el llamado bloque “pastoralista” que critica la gestión de los italianos y quieren una Iglesia católica más transparente de cara a los 1.100 millones de fieles repartidos en todo el mundo.

 

Entre los candidatos de la curia o los “italianos” aparecían con fuerza los nombres de Gianfranco Ravasi, presidente del Pontificio Consejo de Cultura y de las comisiones de Arqueología Sacra y de la Herencia Cultura de la Iglesia –candidato de Bertone-; el italiano Ángelo Scola, arzobispo de Milán –a quien Benedicto XVI preparó para sucederlo; y el cardenal argentino Leonardo Sandri, ex sustituto de Sodano en la secretaría de Estado y su candidato.

 

Como “papables” apoyados por los “pastoralistas”, en su mayoría “extranjeros” (no italianos) destacan el cardenal canadiense Marc Ouellet, el arzobispo de Budapest, Péter Erdo, o el arzobispo de Viena Christoph Schönborn, según los favoritos de la prensa italiana.

 

No obstante, la batalla entre “bertonianos” y “diplomáticos”, y el frente abierto por “pastoralistas”, podría derivar en un consenso en torno al brasileño Odilio Scherer, arzobispo de San Pablo, para convertirlo en el 266 Sumo Pontífice.

 

“En las congregaciones se debatió la posibilidad de apoyar a Scherer, lo que sería una derrota de los italianos, pero con Sandri como Secretario de Estado”, sostuvo Frattini.

 

Algunos analistas coinciden en que la elección del nuevo Pontífice será crucial para el futuro de la Iglesia católica, bajo la amenaza de resquebrajarse después de que Benedicto XVI abrió “la caja de truenos”. “Los 115 cardenales electores no pueden fallar, una segunda renuncia sería demoledora”, advierte Frattini.



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