El obispo de Mar del Plata, monseñor Antonio Marino, presidió este jueves una Eucaristía en acción de gracias a Dios por el pontificado de Benedicto XVI y para rezar por el futuro Vicario de Cristo.

 

La celebración fue el acto central que congregó a la Iglesia de Mar del Plata para despedir al ahora papa emérito, aunque también se realizaron otras misas en el interior del territorio diocesano con los mismos propósitos.

 

Al iniciar su homilía, el obispo evaluó que esta “circunstancia inusual” en la que se encuentra la Iglesia, actualmente en sede vacante y sin cabeza visible hasta la elección de un nuevo pontífice, “debe convertirse en pedagogía acerca del sentido del ministerio del Papa en la Iglesia” y “gratitud hacia el digno pastor que renuncia a su cargo”.

 

Ante todo, el prelado indicó que la misa congregaba a la Iglesia local para dar gracias a Dios “por la riqueza del gobierno pastoral” de Benedicto XVI. “Durante ocho años, nos ha edificado con el ejemplo de su vida, mostrándonos un amor heroico al rebaño de Dios y una gran entereza ante los ataques del mundo”.

 

“Su sabiduría incomparable –prosiguió- estuvo caracterizada por un conocimiento excepcional de la historia de la cultura y del pensamiento, en diálogo permanente con el mundo contemporáneo y sus problemas”.

 

El prelado también recuperó la prédica del emérito papa a favor de ciertos “principios no negociables” en una época “caracterizada por el relativismo moral”. Destacó “la necesaria protección de la vida humana en todas sus fases” y el reconocimiento y promoción de la estructura natural de la familia, “fundada en el matrimonio y la protección del derecho natural de los padres a educar a sus hijos”.

 

Asimismo, afirmó que su pontificado se caracterizó desde el inicio por recordar la vigencia del Concilio Vaticano II, “del que fue testigo privilegiado”, y aseguró que el obispo emérito de Roma “se aplicó a la exacta interpretación del acontecimiento y de sus textos”.

 

Monseñor Marino confesó haber dedicado los días previos a la concreción de la renuncia papal para releer los discursos que Benedicto pronunció en los días posteriores al consistorio del 11 de febrero, cuando divulgó su intención de renunciar. De entre ellos, destacó el que este miércoles pronunció en la audiencia general, realizada en la Plaza de San Pedro.

 

Benedicto había afirmado este miércoles que su renuncia no implicaba una vuelta “a la vida privada”, sino “una nueva manera de seguir al Señor Crucificado”. Monseñor Marino alegó: “Allí nos encontramos ante un canto de gratitud y una profesión de fe; se trata de un verdadero testamento espiritual, de cautivante belleza, cuya atenta lectura recomiendo a todos, porque allí se refleja su alma como en un espejo. Tales expresiones sólo pueden surgir de un corazón noble y de un espíritu impregnado de profunda autenticidad evangélica”.

 

El obispo de Mar del Plata desechó las especulaciones mediáticas acerca de “intrigas de palacio”, “deficiencias humanas” y reclamos de modernización, y llamó a volver siempre a las palabras del papa emérito.

 

E insistió en el discurso que Benedicto pronunció el domingo, en el habitual rezo del Ángelus, cuando afirmó que el evangelio sobre la Transfiguración del Señor, que los apóstoles Pedro, Santiago y Juan contemplaron al subir al monte Tabor, estaba ese día “dirigido de manera particular” a él.



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