El obispo de Mar del Plata, Monseñor Antonio Marino, presidió la misa del “miércoles de cenizas”, día en el que se inicia la cuaresma en toda la Iglesia católica, tiempo de preparación de los cristianos para la Pascua.

 

Cientos de fieles se acercaron a la Catedral de los Santos Pedro y Cecilia, para participar de la misa y ser “marcados” en la frente con las cenizas de los ramos de olivos del año anterior.

 

“Al comenzar el tiempo sagrado de cuaresma, guiados por la luz de la palabra divina, se intensifica en nosotros la conciencia de la necesidad de nuestra conversión a Dios. El tiempo de cuaresma ha de ser un período de conversión a Dios que debe caracterizarse por un esfuerzo consciente de oración perseverante, de renuncia voluntaria a gustos legítimos, y de una atención más esmerada a las obras de caridad. Este programa está resumido en tres palabras que significan la referencia a Dios, a nosotros mismos y al prójimo: oración, ayuno y limosna”, inició diciendo en su homilía el Obispo.

 

Monseñor Marino se refirió a la realidad del pecado del hombre que se traslada a un desorden en la vida social y por esto reforzó “allí donde el pecado ha introducido oscuridad, desorden y esclavitud, la gracia de nuestro Salvador Jesucristo, viene a poner luz, orden y libertad”.

 

Asimismo, respecto a aquello que los cristianos deberían preparar durante este tiempo, el prelado expresó “el mayor contacto con Dios, se ha de procurar principalmente en la búsqueda de momentos de encuentro personal con él, mediante la oración. Las cosas urgentes, que necesario atender, no deben distraernos de ‘la única cosa necesaria’. Junto con la oración, la escucha atenta y la lectura frecuente y meditada de la Sagrada Escritura enriquecerán nuestra vida espiritual. Lo mismo que la confesión frecuente de nuestros pecados y la participación más asidua de la Eucaristía”.

 

“El ayuno viene a recordarnos la necesidad de aprender a dominar nuestros gustos, mediante renuncias voluntarias a cosas, en sí mismas, legítimas, para llegar a ser dueños de nosotros mismos y no esclavos de nuestras pasiones”, agregó.

 

Finalmente se refirió al Papa Benedicto XVI y a su renuncia, “en esta eucaristía encomendamos en forma especial a nuestro Santo Padre”.

 

Luego también citó el mensaje para la cuaresma que Benedicto XVI ha escrito, “nos ha invitado a reflexionar sobre la necesaria conexión entre la fe y la caridad”.

 

Luego de la homilía, todos los fieles se llegaron hasta el comulgatorio del templo para que tanto el Obispo, como los sacerdotes y diáconos presentes trazaran en la frente de cada uno, una cruz con las cenizas de los ramos de olivos que fueron repartidos el año anterior en el Domingo de Ramos.

 

Las cenizas son signo de penitencia y conversión, también el Miércoles de Ceniza, como el Viernes Santo son días de ayuno y abstinencia de carne – para los cristianos mayores de 18 años y menores de 65 años-.

 

Al marcar la cruz, el ministro dice “Conviértete y cree en el Evangelio” y es también “un recuerdo de nuestro origen, la condición de creaturas y nuestro fin temporal” explicó el Obispo en la homilía.



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