La conmoción que en estos momentos recorre el mundo ante la noticia de la renuncia del papa Benedicto XVI a seguir ocupando la sede de Pedro, llevó al obispo de Mar del Plata, Monseñor Antonio Marino, a ofrecer una breve reflexión a los fieles de la diócesis local, y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

 

Cabe recordar que en abril de 2011 el sumo pontífice designó a Marino para hacerse cargo de la Diócesis de Mar del Plata en reemplazo del obispo Juan Alberto Puíggari.

 

El prelado señaló que “de una vida enteramente dedicada a Jesucristo y a su Iglesia, como fue la suya, no podemos esperar sino motivaciones santas. En un hombre extremadamente lúcido, la conciencia de la seriedad de esta decisión ha sido largamente ponderada ante Dios“.

 

Monseñor Marino hizo hincapié en las propias palabras de Benedicto XVI pronunciadas ante los cardenales reunidos en consistorio: “Tras haber examinado repetidamente mi conciencia ante Dios, he llegado a la certeza de que mis fuerzas, dada mi avanzada edad, ya no se corresponden con las de un adecuado ejercicio del ministerio petrino (…) De cara a gobernar la barca de San Pedro y difundir el Evangelio, son necesarias tanto la fortaleza de mente como la del cuerpo, fuerza que en los últimos meses se ha deteriorado hasta tal punto en mi que he tenido que reconocer mi incapacidad para cumplir”.

 

El Obispo de Mar del Plata reflexionó que “no nos queda otra actitud más que el sincero agradecimiento y la admiración por todo lo que un hombre excepcional como él ha entregado a la Iglesia”.

 

Su magisterio nos ha iluminado y queda en el tesoro de la sabiduría de la Iglesia. Su fortaleza ante las contradicciones del mundo nos ha dado ejemplo para vivir el Evangelio: En el mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo (Jn 16,33)”, agregó.

 

Más adelante, expresó que las palabras finales de su anuncio conmueven en forma especial: “En cuanto a mí, deseo servir devotamente a la Santa Iglesia de Dios en el futuro a través de una vida dedicada a la oración”.

 

“Santidad, en nombre de la diócesis de Mar del Plata, quiero asegurarle que lo seguiremos acompañando, también en esta nueva etapa de su vida, seguramente llena de nueva fecundidad”, finalizó Monseñor Marino.



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