“Quise hablar de estas tres humanidades y de esta pena: para que exista familia, es necesaria la exclusión; es necesario expulsar aquellos que no pertenecen a ella. Y la misma violencia necesaria para excluir a los otros, se puede volver contra los propios miembros de la misma familia. Hablé metafóricamente.”
Augusto Boal
.

 

Para los que desconocen el nombre de este autor brasileño y no vieron todavía esta excelente adaptación de Mauro Molina, es necesario conocer que Augusto Boal logró su reconocimiento a nivel mundial a través de la creación del Teatro del Oprimido, además de un Premio Nobel de la Paz que ganó en 2008.

 

La pieza del brasileño no hace más que burlarse de la miseria que puede alcanzar una persona frente a la posibilidad de convertirse en heredero de una fortuna, llegando al punto de intentar destruir a los propios.

 

La Herencia maldita cuenta la historia de una familia que perdió todos valores morales y conserva, únicamente, el respeto por “el único valor que todo el mundo respeta”, el dinero. Éstos, no son más que una copia de las sociedades actuales que rigen su vida en el capitalismo y el individualismo extremo que éste conlleva.

 

La historia comienza una madrugada en la que los integrantes de esta bizarra familia se reúnen en una casa para determinar cuál va a ser el destino de la herencia que su fallecido padre les había dejado. A medida que van llegando los hermanos, una monja italiana viuda desconocida de uno de los hermanos muerto y la madre, una problemática nueva surge con la presentación de cada uno.Esto le da a la obra una dinámica destacable que genera en el espectador suspenso y atención permanente.

 

Finalmente, ya todos reunidos, se enteran de la peor de las noticias: tal herencia no existe. Pero como no hay mal que por bien no venga, el menor de los hermanos confiesa que tiene un patrimonio de 400 millones de dólares y 3 propiedades. Lo mejor de esta novedad es que él tomó la decisión de quitarse la vida, y, por ende, dejar esa herencia a su familia.

 

Acá es cuando surgen nuevamente los conflictos entre estos “caníbales”. Son 400 millones para dividir entre 5…uno tiene que morir. A través del humor negro los actores ponen sobre las tablas las peores características de las sociedades víctimas del capitalismo que atraviesan una de las peores crisis económicas y sociales de la historia.

 

Y como es de esperarse en el teatro, en las buenas obras siempre hay un trasfondo político, el director de La herencia Maldita, Mauro Molina, reflexionó en una nota para Página 12:“Nos quedan resabios de los ’90: no puedo dejar de relacionar esta obra con los últimos cacerolazos, con el odio que manifestaron. El teatro es una pequeña intervención para generar conciencia de que lo que hay dentro nuestro es algo mucho más humano que el dinero y que nos puede llevar a un lugar distinto”.

 

“Es la crisis la que hace que la gente quede así. ¡Modernidad! Todo es mercado. Todo tiene precio, todo se compra y se vende. Hasta la vida y la muerte. El amor y el odio… frutas y verduras… todo igual… mercado”
Esmeraldina (Personaje de La Herencia Maldita)
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Para reflexionar sobre uno mismo como miembro de una sociedad un tanto…enferma, ver La Herencia maldita es la oportunidad. Atractiva por su temática, por sus interpretaciones memorables y por el modo del tratamiento del tema, se presenta para todo el público interesado los miércoles de febrero a las 23 en la Sala Nachman del Teatro Auditorium.

 

Este espectáculo dirigido por Mauro Molina está interpretado por Andrea Guerrieri , Matías Stella, Valeria Tercia, Yanick du Plessis y María Viau.



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