Por Alberto D. Fallacara
Secretario General del Partido Socialista de Mar del Plata

 

Luis Fabrizio fue el último de los intendentes municipales electo por el Partido Socialista en el año 1973. Una época difícil, caracterizada por el empleo de la violencia por parte de diversos sectores como método de resolución de las diferencias políticas, que siempre condenó.

 

No tuvo quizás el temple de Teodoro Bronzini o la visión estratégica de Jorge Lombardo. Y más que por su obra al frente del ejecutivo municipal, fue siempre recordado negativamente por su aceptación al cargo de delegado municipal durante la sangrienta dictadura militar en el año 1981. Una decisión que adoptó él, pero conjuntamente con la dirección del partido de aquel momento. Un grave error político que debió afrontar en soledad.

 

Pero Luis Fabrizio fue un gobernante honesto, un bien escaso en la política actual. Fue honesto en su vida privada y en su desempeño público. Siempre empleó los recursos del estado municipal en función del bien común, y nunca se sirvió de ellos para su propio provecho.

 

Fue concejal, diputado provincial y diputado nacional, en distintas oportunidades representando al Partido Socialista. Y en 1964 integró la comisión argentina ante la Conferencia Internacional del Trabajo en Ginebra.

 

Como intendente municipal, a pesar de las dificultades de aquel tiempo, llevó adelante un plan de obras fundamental para los barrios más carenciados de la ciudad.

 

Gobernó con decencia y austeridad. Y a pesar de sus errores siempre pudo caminar por sus queridas calles de Mar del Plata con la frente en alto y mirando a los ojos a cada vecino que cruzaba.

 

Adiós compañero. Muchos te recordaremos poniendo el acento en tus buenos ejemplos.



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