El obispo de Mar del Plata, monseñor Antonio Marino, brindó su mensaje de Navidad durante un encuentro que este lunes mantuvo con la prensa en la sede de la Diócesis.

 

“En Navidad los hombres, aun los más alejados de la fe y de la práctica religiosa, suelen sentir nostalgia de familia y de amistad, de un mundo más humano y fraterno. Sin contradecir la dimensión familiar de esta fiesta, damos prioridad a su significado profundamente religioso. ¿Qué fiesta de nacimiento estaríamos celebrando, si no presentáramos un real homenaje al que ha nacido y a su Madre?”, se preguntó.

 

El prelado manifestó que desde los primeros siglos del cristianismo, la Navidad ha ido educando a los hombres. “Miramos el pesebre y nos enternecemos al ver un niño frágil y pequeño como todos los niños. Pero con los ojos iluminados por la fe sabemos que Él es la fuerza capaz de levantar a este mundo de su decadencia, al pecador de su miseria, al hombre abatido de su desaliento. Es fuerte siendo débil. Viene a restituirnos la dignidad perdida. Viene para convencernos de que somos muy valiosos para Dios, por nuestro origen y por nuestro destino”, reflexionó.

 

“Se ha vuelto niño para que me anime a acercarme, para que lo reciba en mis brazos, para convencerme de la seriedad con que Dios nos dice que está a nuestra disposición y quiere servirnos. Con su balbuceo me pide que le haga un lugar en mi corazón. Nace pobre pero viene a enriquecerme. Sí, el Señor del universo viene a compartir nuestra pobre condición y se hace solidario de los pobres para regalarnos su riqueza”, agregó.

 

“El Salvador viene a este mundo sin hacer ruido, y elige para entrar en él los márgenes olvidados por los hombres y un lugar de pobreza. Sólo a Dios se le puede ocurrir elegir un pesebre como cuna. El pesebre es una especie de cajón donde comen animales, y no suele ser elegido como cuna para recostar a un niño. Pero entonces era todo lo que había. Dios no tiene mejor lenguaje para expresar su solidaridad con los pobres y marginados. ¿De qué mejor manera expresar que el pobre y marginado es un ser digno?”, destacó en otro párrafo del mensaje navideño.

 

Marino remarcó que lo más grande de la historia acontece en las apariencias más humildes. “Con el nacimiento de Jesús, nuestra pobre condición humana se eleva a la más alta dignidad y en nuestro mundo puede nacer la esperanza cierta de un destino de gloria. Él viene para decirnos que nuestra identidad está en ser hijos de Dios y hermanos entre nosotros. Los primeros destinatarios son pastores pobres”.

 

“Si nos trasladamos a la vida social, a nadie se le ocultan los nombres de nuestra actual miseria: droga e inseguridad, desempleo y crispación social; muchos jóvenes que ni trabajan ni estudian. Aquí en Mar del Plata nuestro cinturón de indigencia y marginalidad. En el país, asistimos a gigantescos cambios culturales mediante leyes abiertamente contrarias a la ley divina y natural. Vemos el avance agresivo, que parece no tener límites, de una mentalidad llamada “progresista”, que excluye a Dios e influye negativamente en la mentalidad de los niños y los jóvenes”, destacó.

 

“Si hemos entendido el mensaje de la Nochebuena, no nos podemos desanimar. Antes bien, debemos decidirnos a mostrar nuestra fe en la encarnación del Hijo de Dios asimilando la lógica de la salvación. Debemos aprender a decir: este es mi pesebre, donde Cristo pobre quiere nacer; esta es nuestra pobreza, donde el Mesías y Señor quiere mostrar las maravillas de su poder; esta es nuestra indigencia donde el Espíritu Santo quiere formar a Cristo”, consignó.

 

“Con la bendición de este obispo a sus familiares queridos, en especial a los niños y a los enfermos. ¡Feliz Navidad para todos!”, concluyó.



Siguiente Noticia Giorgi llamó a los empresarios a combatir el trabajo informal

Noticia Anterior Mar del Plata y una Nochebuena pasada por agua y sin luz

Nos interesa tu opinión:

Comentarios:

No hay comentarios

Deja un comentario