El bloque de concejales del Frente para la Victoria de General Pueyrredón emitió un comunicado donde expresó que el 7D iba a marcar un punto de inflexión en la historia de los argentinos. Iba a ser una fecha de un alto contenido simbólico, que se recordaría para siempre como el día en el que la pluralidad de voces le ganó a las corporaciones mediáticas.

 

La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual es democrática. Rompe con un esquema establecido por la Ley de Radiodifusión 22.285, en el que los sectores de poder económico concentrado tienen las herramientas para contarle a la gente una realidad parcial que responde a sus intereses, para formar opinión y marcar la agenda de lo que los argentinos escuchan, comentan y piensan.

 

Ese esquema es por naturaleza de una linealidad absoluta, y responde a modelos de comunicación social que en los tiempos que corren, han quedado obsoletos. Era un esquema funcional en épocas en las que los argentinos no teníamos derecho a pensar, decir y actuar libremente, sino que teníamos el mandato de escuchar y reproducir una “verdad oficial” que nada tenía que ver con los intereses de la patria.

 

Es por eso que hacemos tanto hincapié en el hecho de que la nueva ley de medios viene a reemplazar a una ley de la dictadura: no solamente porque es característica de otra época, sino principalmente, porque es característica de otro modelo político, social y cultural que no queremos volver a vivir.

 

El 7D iba a poner en plena vigencia una ley que rompe con el aval a la concentración mediática y garantiza la democratización de la palabra. Sienta las bases para una pluralidad de voces que da lugar en la comunicación pública a todos los que históricamente fueron llamados al silencio. Fortalece la esfera de lo público y abre el juego mediático para que participen los espacios comunitarios, cooperativos y regionales. Y además, genera trabajo y desarrollo local.

 

Con todo esto, el resultado es la existencia de una inmensa cantidad de puntos de vista circulando en los medios, disparando la palabra y fomentando una lectura crítica de la realidad por parte de los receptores. La comunicación social deja de responder a un modelo que la entiende como un proceso lineal, donde unos pocos dicen y otros tantos reproducen, para pasar a entenderse como un proceso participativo y reticular, donde los receptores, a su vez, se vuelven productores de contenidos.

 

Ahora bien, el adversario en este contexto está claro: Son las corporaciones mediáticas, cuyo negocio está en la acumulación de poder, la concentración de los espacios para decir, la resistencia de un esquema lineal, monopólico y autoritario de los medios de comunicación.

 

El gobierno de Néstor y Cristina fue el primero en tener el valor de enfrentar a estos grupos económicos hasta las últimas consecuencias y eso merece un respeto enorme. Pero no debemos olvidar que se trata de un adversario que ha acumulado mucho poder durante décadas, y que no será fácil de vencer.

 

La extensión de la medida cautelar por tiempo indeterminado entregada ayer por la Cámara Civil y Comercial a pedido del Grupo Clarín, significó un duro revés para quienes esperábamos que el 7D pasara a la historia como la fecha en la que una importantísima ley de la democracia entró en plena vigencia.

 

Pero ese revés fue solamente simbólico, porque las convicciones no se detienen ni con estrategias de desestabilización ni con recursos judiciales. Las convicciones permanecen y la lucha también, y más temprano que tarde llegará el día en el que los argentinos, de la mano de nuestra Presidenta, podamos festejar que la democracia le ganó a las corporaciones.

 

Mientras tanto, el 9D iremos todos a la plaza y a pesar de las maniobras del Grupo Clarín, celebraremos la pluralidad de voces.



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