En el teatro, en Grecia no había micrófonos y la voz no era lo suficientemente potente como para llegar a todos los espectadores. Por eso, se usaban máscaras y cada una de ellas expresaban un sentimiento: muecas de tristeza, alegría, enojo. Estas máscaras se llamaban “persona”  (viene del verbo personare: resonar) y se utilizaban para hacer sonar la voz.

 

 

Persona entonces,  es el disfraz o máscara  que usamos para representar nuestro  papel en el teatro de la vida, pero no somos esa máscara, sino que somos el “ser” que resuena “a través de ella”. La máscara ríe, la mascara llora pero solo PARECE REIR, PARECE LLORAR, ya que el sentimiento de la risa y del llanto no provienen de la máscara sino que provienen del ser que se expresa a través de ella. En esencia somos una que se expresa a través de distintos personajes: mujer, madre, trabajadora, profesional, amiga, hija.

 

 

Oportunidad: Tomemos a “la moda y estilo personal” como herramientas, máscaras o disfraces que nos ayudan a mostrarnos al mundo, pero sabiendo a la vez que no somos eso, sino que somos los seres  que se están expresando y contando quienes son en realidad

 

Carl Gustav Jung: “La persona, es aquel sistema de adaptación o aquel modo con el cual entramos en relación con el mundo… toda profesión tiene una persona característica. El peligro esta solo en que se identifique uno con la persona, como por ejemplo el profesor con su manual o el tenor con su voz… se podrá decir con cierta exageración: la persona es aquello que no es propiamente de uno sino lo que uno y los demás creen que es”

 

 

Maria Barberis

www.mariabarberis.blogspot.com



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