Por. lic. Adela V. Castro y Darío P. Porrini
Grupo de Entomología del Sudeste Bonaerense.
Universidad Nacional de Mar del Plata
entomologiamdp@gmail.com

 

“Es imposible producir sin agroquímicos”, expresan algunos productores. No es de extrañar que en la actualidad se piense que la agricultura existe sólo gracias al aporte de los agroquímicos.

 

En su libro “Agroecología: El camino hacia una agricultura sustentable”, el ingeniero agrónomo Santiago Sarandón comenta que “el bajo costo de los plaguicidas de síntesis, su fácil aplicación, el desconocimiento y la falta de conciencia acerca de su impacto sobre el ser humano y los ecosistemas, hicieron que su uso se difundiera ampliamente”.

 

Menciona que cada año un millón de personas se intoxican en forma accidental y que las personas que corren más riesgos son los trabajadores rurales expuestos a herbicidas, ya que presentan seis veces más probabilidades de contraer cáncer que los trabajadores no rurales.

 

En abril del año pasado, en el Segundo Congreso Nacional de Ecología y Biología de Suelos, realizado en Mar del Plata, miembros del sistema científico y tecnológico argentino declararon abiertamente hacia la sociedad que “el actual modelo agropecuario dominante compromete el propio proceso productivo a mediano y largo plazo y afecta negativamente la integridad y funcionalidad del ecosistema del suelo y por lo tanto compromete la sustentabilidad”.

 

Argumentaron que “estas preocupaciones se conjugan con las manifestadas por organizaciones de médicos, vecinos y productores acerca de los efectos dañinos directos sobre la salud humana de muchos de los agroquímicos que llegan a nosotros a través de los alimentos o directamente a través del aire y el agua a partir de las pulverizaciones de los cultivos.”

 

Es en este contexto que emerge la propuesta agroecológica. Los investigadores del Instituto de Investigación para el Desarrollo Tecnológico para la Pequeña Agricultura Familiar, dependiente del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), explican en el libro “El camino de la transición agroecológica” que la agroecología es una práctica productiva que revaloriza el conocimiento y las tradiciones que las comunidades originarias y los agricultores han realizado durante cientos de años y que han heredado de las generaciones anteriores.

 

La agroecología es considerada como una herramienta para alcanzar la soberanía alimentaria y es también una disciplina científica que provee conocimientos para poner en práctica los principios de la ecología.

 

La agroecología ha comenzado a practicarse en los ámbitos de producción familiar, en donde los productores inician su experiencia reemplazando gradualmente los insumos químicos por otros biológicos o de menor toxicidad. Por ejemplo, algunos agricultores elaboran sus propios preparados, como macerados de ortiga y suico (plantas medicinales) para el control de plagas, diversifican sus cultivos y siembran flores y plantas repelentes en los bordes.

 

En el país, existen muchas experiencias con enfoque agroecológico desarrolladas por científicos y productores familiares, un ejemplo local son los productores que participan cada semana en la Feria Verde ubicada en plaza Rocha.

 

Por eso, es positivo que se generen espacios de debate público para dar a conocer estas nuevas prácticas, que tienen la potencialidad de ser superadoras de las prácticas agrícolas actuales, ya que incorporan el costo ambiental y social en el balance económico de la producción.

 

Finalmente, estos temas no son propios de grupos “ambientalistas”, sino que incumben a cualquier vecino que realiza sus compras en la verdulería y se preocupa por consumir alimentos saludables.



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