Para los expertos, reírse de uno mismo neutraliza los pensamientos negativos. La ansiedad se nutre de certezas infundadas: una turbulencia significa un accidente aéreo, un dolor de cabeza anuncia indefectiblemente una enfermedad terminal, la exposición pública implicará un juicio lapidario del auditorio -siempre-. La lista es infinita porque son múltiples los perfiles que adoptan los trastornos de ansiedad. Pero tienen todos un elemento en común: ponen en marcha una cadena rígida de pensamientos negativos que anticipan y nutren la catástrofe. Por eso, el humor, como amplificador de las incongruencias, ironiza en donde no hay soporte para la defensa y ayuda a ver justo ahí, en los puntos ciegos. Con ese click iluminador se convierte en un ansiolítico eficaz.

 

 

Como el que utiliza Woody Allen para reírse de sí mismo y de sus catástrofes individuales, concentradas en un cerebro hiperactivo que siempre anticipa lo peor. Aunque lo peor no tenga justificación alguna en la realidad.

 

 

“Lo cómico es lo opuesto a lo angustioso y si lográs que un paciente se ría de algo que le da miedo, lograste el objetivo, que es cambiar la perspectiva y la percepción de la situación. Las personas con trastornos de ansiedad tienen una forma excesiva de ver la realidad, si les hacés ver los aspectos ridículos, excesivos, se ríen y amplían su perspectiva”, sostiene Eduardo Keegan, doctor en Psicología y presidente de la Asociación Argentina de Terapia Cognitiva. “El punto es usar la mente de un modo menos catastrófico e incrementar la flexibilidad del pensamiento, la flexibilidad cognitiva.” Y aclara: “No se trata de hacer reír al paciente. Lo que produce el efecto terapéutico es el cambio en la percepción de la situación que le provocaba el estado de ansiedad”. El humor, desde su perspectiva, es apenas un vehículo para desarticular las incongruencias del razonamiento catastrófico.

 

 

“Creer que la psicoterapia tiene que ser un ámbito solemne es equivocado”, postula Keegan. “Jamás reírse del paciente, sino con él, acuerda y agrega el doctor Alfredo Cía, fundador de la Asociación Argentina de Trastornos de Ansiedad y autor de La ansiedad y sus trastornos , entre otros libros que se proponen radiografiar las múltiples caras de los trastornos de ansiedad.”Al utilizar ironías y comentarios humorísticos sobre síntomas exagerados, éstos se relativizan. La propuesta es de descatastroficar, desdramatizar”, se suma Gabriela Coffey, psicóloga del equipo del doctor Alfredo Cía.

 

 

“Una paciente con pánico a subirse a un avión empezó a mandarme mensajes de texto desde que se subió al remís para ir al aeropuerto. “Estoy controlando el miedo con la respiración”, mensajeó. “Ahora estoy entrando en el free shop. ” “El free shop les baja la ansiedad a la mayoría de las mujeres”, le contestó su terapeuta desde su celular. “Ja, ja”, fue la respuesta, que empujó a la paciente a un estado más positivo y menos catastrófico.

 

 

Un equipo de investigadores de la Universidad de islas Baleares estudió la respuesta de un grupo de estudiantes universitarios a la exposición de un video humorístico después de exponerlos a una prueba que incrementaba intencionalmente sus niveles de ansiedad.

 

 

Uno de los postulados iniciales fue que la ansiedad se articula con el proceso de estrés y gatilla una catarata de respuestas biológicas negativas y a nivel emocional, especialmente en las personas predispuestas genera reacciones de miedo, amenaza y una cadena de emociones negativas y catastróficas. “El humor y otras emociones positivas fomentan una mayor flexibilidad mental”, definieron en un artículo publicado en la revista Apuntes de Psicología. “La risa y el humor, así como otras emociones positivas, como el amor, la esperanza, la alegría y la felicidad, reducen las emociones negativas o las neutralizan mientras aumentan el bienestar subjetivo.” Por eso concluyeron que incrementar “el sentido del humor es una estrategia de afrontamiento efectiva para reducir los niveles de ansiedad”.

 

 

“En la medida que no se cambien esos pensamientos o imágenes o recuerdos que perturban y los modifica, van a volver a activarse. Si el círculo vicioso del pensamiento catastrófico que puede ser gatillado por cualquier evocador no lo parás y no rompés ese círculo vicioso, la ansiedad no se cura. Es decir que hay que romper un círculo vicioso en el cual el paciente está atrapado. Hay que reemplazar el pensamiento catastrófico por uno más realista expresado siempre en positivo. En general, el ansioso tiende a considerar como altamente posible lo que es altamente improbable y negativo”, asegura el doctor Cía.

 

 

“En la terapia cognitiva conductual, pedimos al paciente que registre sus pensamientos en el tiempo que media entre sesión y sesión -aclara la licenciada Coffey-. Este tipo de terapia escrita lo lleva a registrar los pensamientos negativos y automáticos que aparecen cuando se siente mal.” El objetivo es reconstruir el esquema de pensamiento, bajo la premisa de que son esos pensamientos los que provocan los sentimientos que están en juego en una crisis de ansiedad; la propuesta es recorrer la cadena causal de ideas que originaron el displacer/miedo/dolor, etcétera, para desarticularlos; corroborar que no responden a la realidad, sino a un modo de percibir la realidad. La otra dimensión implementada por este modelo terapéutico es conductual: incluye ejercicios de relajación y respiración abdominal, eventualmente lecturas en las que el humor no está ausente y ejercicios puntuales, que hoy son mayormente online.

 

 

“La psicoeducación es uno de los ejes del tratamiento y los recursos de la Web son facilitadores”, dice el doctor Cía. Y ejemplifica: “En caso de pánico, se le enseña que nadie se muere ni enloquece de un ataque de pánico. “Nadie muere por una idea”, acota el doctor Eduardo Keegan, sin la intención de iniciar un debate ideológico. “Transmitimos mensajes realistas que le permiten al paciente hacer más manejable algo inmanejable”, continúa Cía. “En realidad, la situación no es inmanejable, lo es para el paciente. Por eso parte de la terapia es proveerle de los recursos como para conducirse frente a una emergencia. Por ejemplo, es habitual en los pacientes ansiosos la hiperventilación, respiran de manera torácica y superficial; entonces, como recurso terapéutico, uno les explica cómo realizar respiración diafragmática o les recomienda que practiquen yoga. Pero no hay que practicarlo en la crisis, sino estando tranquilo; entonces saben cómo proceder cuando están en la emergencia”, explica el doctor Cía, quien también es presidente electo de APAL.

 

 

En su libro Cómo vencer la timidez y la ansiedad social propone instrucciones que se articulan como un manual de terapia guiada o autoasistida, en el que el compromiso y las ejercitaciones del paciente constituyen un factor fundamental para que el proceso terapéutico desemboque en la reversión o disminución de los síntomas.

 

 

Entre las herramientas que se desprenden de las nuevas tecnologías figuran presentaciones de ejemplos mediante videos, testimonios de otros pacientes recuperados que dan su consentimiento para que se difundan. Se hace de forma presencial o virtual. También el acceso guiado a páginas de información científica online : “Es indudable que la información produce un mayor nivel de consciencia. La gente tampoco se queda con una sola versión y de todo lo que lee saca sus propias conclusiones. Por ejemplo, un panicoso antes de la era de la comunicación masiva del trastorno de pánico se pasaba deambulando por servicios, especialistas y no le daban un diagnóstico, era una zozobra tremenda porque todos los estudios médicos le daban negativos y lo tildaban de mañoso y era estigmatizado. Ofrecerle un diagnóstico correcto una vez descartado que no tiene nada orgánico tiene un efecto terapéutico muy importante. En la medida que la gente se empezó a informar y a saber que es una entidad muy frecuente tiene un efecto altamente favorable porque sabe a qué atenerse y que hay una terapéutica específica que lo va a curar.

 

 

Maria barberis www.pinterest.com/mariabarberis

 

Gentileza  Diario La Nacion  por Tesy de Biase

 

 



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