PSICOLOGIA. Hoy es común oír en el transporte charlas íntimas pronunciadas en voz alta sin velos ni pudores; Twitter lo refleja y los expertos lo analizan

 

 

Un 109, rumbo al centro. Primera hora de la mañana, día laborable, el colectivo lleno. Colgada de un brazo, una chica de entre 25 y 30 años hablaba por su BlackBerry con el que podría ser su novio. El tono no era mucho más alto que si estuviera charlando con alguien que tuviese al lado, pero con el colectivo repleto era como si lo hiciese a los gritos. Entre otras cosas le decía que tenían que arreglar una salida para el sábado, ir a cenar sí, pero que después irían a algún otro lado que no se llegó a entender del todo. Y así, en el mismo tono, como si estuviera sola sentada en el sofá de su casa, le dijo: -Y no sabes: hoy a la mañana tenía tanto pero tanto sueño que ni me bañé.

 

 

Sí. Algo que seguramente no querría que se enteraran sus compañeros de trabajo se lo había contado a todo el colectivo. Y ella como si nada. Aunque tampoco resulta extraño para quien suele viajar en transporte público en Buenos Aires. Hoy, arriba de cualquier colectivo, tren o subte uno se puede enterar de una inversión con varios ceros que está por hacer ese que está ahí parado, ser testigo de una pelea familiar o hasta conocer detalles de la vida privada de un pasajero que en otra circunstancia de ninguna manera contaría a un extraño. Y no hay que ser demasiado curioso para enterarse: es cuestión de parar la oreja a los que hablan por celular alrededor o no subir demasiado la música de los auriculares.

 

 

Y la red social Twitter, como siempre, es otro de los lugares donde este fenómeno se refleja. Tanto es así que existe una cuenta que se llama LaGenteAndaDiciendo -@gentediciendo- que tuitea o retuitea distintos fragmentos de conversaciones que se escuchan en la calle o en los medios de transporte a diario. Como, por ejemplo, “«¡No me hagas una escena de celos por teléfono, estoy en el bondi yendo a casa!?? Hombre de 35 por celu. Subte B. Jue19.50” o “«Te dejo que no puedo hablar, estoy manejando?? Señora por celular en el 57 Semirápido rumbo a Pilar”.

 

 

La magíster y profesora de psicología de la Universidad de Palermo Liliana Chazenbalk relaciona este fenómeno con el avance tecnológico de los últimos años, donde el celular cobró un papel muy importante en la vida de las personas. “En los medios de transporte público hay un alto porcentaje de personas que lo utilizan -reflexiona-, y muchas veces están tan ensimismados en sus conversaciones que pierden de vista el contexto en que se encuentran y no perciben el nivel de exposición que significa contar temas muy personales como hablar de dinero, vínculos familiares o lugares a donde se dirigen.”

 

 

Qué ensimismada estaría esa mujer de unos cincuenta años, vestida de oficinista, que un mediodía, en un coche de la línea B del subte contaba a los gritos por teléfono la mudanza de oficina y la inversión que estaba por hacer con una socia. “Que nos mudamos antes o después del viaje, que, ay, se me corta porque estoy en el subte, que te contaba que ella iba a poner sólo 5000 para la inversión, después que no iba a poner nada y al final se fue de viaje nomás y yo soy la que va a poner los 100.000 pesos que se necesitan.” Ximena Pérez confiesa que le encanta seguir relatos o charlas como ésta cuando se engancha. “Es muy divertido -dice-. Además, te lo tenés que bancar porque a vos te puede pasar también. Y muchas veces es inevitable. Lo que sí, tratás de no gritar, y, bueno, algunos temas da un poco de pudor hablarlos.”

 

 

A ella sí, pero a muchos otros no. Como el muchacho que arriba del 59 le pregunta enfáticamente a su interlocutor si vio la foto que le envió, y si la vio qué piensa: ¿gusta de él o no? O esa chica de unos treinta que entró hablando a un subte de la línea D sobre el vecino de arriba del edificio. Ese que manda al sobrino hasta la casa de ella con golosinas cada dos por tres. Que es divino, pero que es un tipo grande y que su amiga es una mal pensada si cree que el tipo quiere algo con ella, aunque, por como se ríe, se puede interpretar rápidamente que ella conoce bien las intenciones del vecino y se está haciendo la tonta. O al menos debe ser lo que piensan los pasajeros que la están escuchando.

 

 

FENOMENO DE EPOCA

 

El doctor en psicoanálisis y coordinador del equipo de Psicosis del Centro Dos Néstor Medvuidenur habla de esto como un fenómeno de época donde casi todo se muestra sin velos o sin pudor. Una época más obscena, en el sentido de que lo íntimo se hace público. “Esta falta de pudor hace que se pueda decir sin límites -dice-. Y en vez de ese hablar por hablar, la propuesta es que lo que se diga tenga un destino más digno, que no sólo sea mostrar la intimidad en cualquier lugar, contar al vecino qué es lo que comí o con quién dormí anoche casi con un mismo tono monocorde.”

 

 

Para Medvuidenur este decir popular en los medios de transporte permite crear a nivel social un discurso que en definitiva son los discursos que arman una época. “La época arma discursos o relatos -dice- que se pueden dar en cualquier lugar, en este caso hasta en un medio de transporte porque es un lugar de reunión social.” Aunque también existen otras razones que potencian estas charlas. Como los números gratis que ofrecen las compañías de telefonía celular. O como apunta la licenciada Chazenbalk esta “sobrevalorización del tiempo productivo bien típica de esta época, que genera un vínculo de gran dependencia con el celular colocando en un plano secundario la posibilidad de relajarse, conectarse con uno mismo, descansar…” O por qué no, de poder escuchar suculentas conversaciones ajenas arriba del colectivo

 

 

Maria Barberis  www.pinterest.com/mariabarberis

 

Gentileza Diario LA NACION   Por  Fernando Massa  .Foto: Giselle Ferro

 

 

 



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