Por Mariano Busilachi

 

En medio del debate por la implementación del voto juvenil, dos importantes encuestas realizadas en Mar del Plata mostraron que no todos los jóvenes están de acuerdo con el proyecto de ley. Sin embargo, existen otros argumentos que permiten reflexionar sobre lo positivo y negativo de reducir la edad permitida para votar en elecciones.

 

De acuerdo a un informe publicado por la Consultora Ayala, “durante los días 3, 4, 5 y 6 de septiembre se realizó una encuesta a jóvenes de 16 y 17 años en el Partido de General Pueyrredón, con una tasa de respuesta del 89%”. El diseño metodológico utilizado fue una muestra probabilística por conglomerados, con cuotas de sexo y edad, y un tamaño muestral de 350 casos. Entre los resultados que arrojó este estudio, “el 23,5% de los jóvenes de Mar del Plata – Batan se encuentra de acuerdo con el proyecto de ley que contemplaría la posibilidad de sufragio, mientras que un 53% se expreso en contra y un 23,5% no ha pensado o reflexionado al respeto”. Posteriormente, con respecto al nivel de participar de la elección de los representantes políticos, el informe afirma que “se observa que 4 de cada 10 jóvenes tiene interés por participar de dicha decisión mientras que un 59,8% expresa lo contrario. Un 0,8% no tiene opinión al respecto”. Pero este no fue el único estudio que se realizó en la ciudad. El Observatorio  de la Universidad FASTA llevó a cabo una investigación similar. Y los resultados no fueron tan distintos a los arrojados por la investigación desarrollada por la Consultora Ayala. Sobre unos 450 jóvenes de entre 15 y 17 años que participaron de las encuesta, el 60 por ciento se mostró en contra del proyecto de reforma. La población objeto de estudio fue el segmento integrado por los jóvenes entre 14 (próximos a cumplir los 15 en los dos meses siguientes) y 17 años (que no cumplan 18 durante este año). Según lo publicado por los investigadores, “los datos indican que el menor grado de interés y preparación se da en los adolescentes que tienen 14 años destacando que se sienten poco preparados y poco interesados pero según su criterio, algo más preparados que interesados”. A lo que se agrega que “a los 15 años se observa un incremento del interés coincidente con una autopercepción más exigente de la preparación. A los 17 recién los grados de interés y preparación son calificados con más de 5 puntos, situación que, si se tiene en cuenta que la escala era de menor a mayor de 1 a 10, es manifiestamente insatisfactoria”.

 

No obstante, las estadísticas derivadas de ambas investigaciones pueden complementarse con algunas cuestiones que no deben ser pasadas por alto. Si bien algunas se ven reflejadas en las encuestas efectuadas por la consultora Ayala y la Universidad FASTA, otras surgen a partir de la dualidad “voto oportunista vs. derecho al voto”. El primero se relaciona con aquellas medidas políticas que utilizan ciertos derechos como medio para obtener un fin, que en este contexto sería usar el voto joven para aumentar el caudal electoral propio; el segundo, en cambio, son aquellas medidas políticas que toman en consideración a los derechos como fin en si mismo. Esto significa que, sin ánimo de dudar de la honestidad de quienes impulsan el proyecto, este puede considerarse como una estrategia para sumar mas votos o como una ampliación de derechos para un sector particular de la sociedad.

 

Como argumento a favor, se plantea que los jóvenes de hoy poseen una sobreabundancia de información en diversos soportes comunicativos y, a diferencia de generaciones anteriores, tiene una mayor preparación para elegir a sus representantes. Además, la participación de los jóvenes en actividades políticas ha ido en considerable aumento en los últimos años. Los jóvenes, con el voto optativo a partir de los 16, tendrían en sus manos una responsabilidad de tal magnitud que los incluye dentro de un derecho sumamente importante como es elegir a sus gobernantes. Pero, y esto es lo que genera ciertas divergencias, todo lo positivo del proyecto también tienen un cara negativa. El hecho de que haya una sobreabundancia de información, no es condición fundamental para considerar que los jóvenes de 16 y 17 años estén preparados para votar. La información debe ser acompañada de un proceso de interpretación de los datos percibidos. El pensamiento crítico y la formación ciudadana son vitales para incorporarse a la vida política de un país. Puede haber mucha información pero si no se la “filtra”, con racionalidad y madurez, no servirá de nada. Se debería comprobar realmente si los casi dos millones de nuevos electores están preparados objetivamente en materia de historia política, formación ciudadana y  temas de estricta actualidad. Por otra parte, sería oportuno ver qué lugar se le da a los jóvenes en la política actual.

 

Al darle el derecho de votar a un joven de 16 o de 17 años, también es pertinente hablar entonces de otros derechos que son igual de importantes y que no poseen los jóvenes. Si los jóvenes pueden elegir a partir de los 16, uno podría preguntarse, ¿acaso no pueden también ser elegidos? Si tienen la información, madurez y preparación para elegir, también la tienen para ser elegidos. De la misma manera, si los jóvenes tienen la madurez para elegir a un presidente de un país, también tienen entonces la madurez para comprender qué es un delito y qué pasaría si lo comete. Acá no se habla de votar a un empleado del mes, acá se te está votando a un presidente, gobernador, intendente o legislador. Se está eligiendo a la persona que te va a representar como pueblo. Y si alguien puede afrontar semejante derecho, entonces puede afrontar otros similares. También es verdad que muchos jóvenes votan a los candidatos que eligen sus padres. No es casual que estudios elaborados por la Consultora Ayala, indiquen que “el 20% de los electores decide su voto en los últimos tres días previos a la elección y que esta decisión de último momento tiene una mayor incidencia entre los jóvenes”.

 

En este contexto. el voto juvenil trae más discrepancias que convergencias. Será cuestión de formalizar un debate serio y generalizado, incluyendo sin dudas, la opinión de los verdaderos protagonistas de esta historia.



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