Hay personas que buscan la aceptación constante de los otros, se adaptan a las reglas por más que piensen lo contrario y tratan de evitar los conflictos. Esta conducta puede llevarlos a renunciar a ser ellos mismos.

 

 

En cuarto año del colegio secundario -el amor- y hasta admite que la obsesión, la llevaron a cambiar su manera de vestirse, los gustos musicales y las lecturas. María Sol De Sosa, de 30 años, cuenta que “sentía que tenía que ser igual” para ser aceptada en el grupo en el que estaba el chico que a ella le gustaba. Así, empezó a usar ropa negra, a escuchar música gótica y a leer a Nietzsche, y aunque quizás en ese momento no lo entendía, llevaba sus libros para que los demás vieran que lo estaba leyendo.

 

Situaciones como ésta, durante la adolescencia, se dan con frecuencia en diferentes ámbitos. Como explica la psicóloga Alicia Ratner, de la Fundación Asistencia y Estudios Psicoanalíticos Argentinos (A.E.P.A), es una actitud “estructural y necesaria” de la edad: “Se asumen muchas conductas que tienen que ver con estar a la altura del grupo. En general, tiene que ver con una ilusión de pertenencia, de no quedarse afuera. Los adolescentes se desprenden de las costumbres y modalidades familiares, necesitan despegarse de los padres para pasar a ser personas adultas, autónomas e independientes. Entonces, para hacer esto sin estar todavía en la adultez, el apoyo se sostiene en relación al grupo de pertenencia”.

 

Pero, ¿qué pasa cuando el esfuerzo por agradar es una actitud permanente? Para Ratner, esto se da en personas con dificultades “para registrar lo que la realidad permite y lo que les hace bien”. Además, dice: “No está mal querer participar de una vida social, al contrario. El problema es cuando a eso no lo acompaña el registro de las necesidades propias, de las limitaciones”.La búsqueda de aceptación y el hecho de evitar los conflictos pueden llevar a una sobre adaptación en diferentes edades. La psicóloga Felisa Senderovsky, coordinadora del área científica de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires (APBA), dice: “Sienten la exigencia de los otros y la propia para hacerse cargo de diferentes situaciones en las cuales les cuesta responsabilizarse. Se ve en niños a los que se les pide que cuiden a sus hermanos menores, cuando ellos aún son chicos y no están preparados para asumir ese rol. En los adultos, por ejemplo, se da quizás en preferir adaptarse a las reglas de un grupo, aunque no acuerden, por no perder la pertenencia a ese grupo. También en los adolescentes hay casos en que se drogan por cierto temor a no ser aceptados y entonces perder los vínculos”.

 

La psicóloga Adriana Guraieb, de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) y de la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA), explica que las características de una persona sobre adaptada se originan en la infancia por diferentes motivos. Como ejemplos menciona el hecho de no ser escuchados por los adultos, conflictos severos que los hicieron crecer de golpe, padres inmaduros, o familias muy numerosas en donde quizás no encontraron “el espacio psíquico y emocional para destacarse”.

 

La sobre adaptación, dice Guraieb, tiene un costo muy caro, porque lleva a que la persona renuncie a profundizar en sí misma y a una tendencia de desconexión con sus afectos y pensamientos, por lo que “su único problema es resolverle al otro sus pesares”. Además, el hecho de evitar los conflictos, dificulta el cambio psíquico: “Están un una especie de pereza psicológica de ocuparse de ellos mismos y por tanto están cerrados a preguntarse, a interrogarse o se refugian en alguna adicción, en un hobbie o en algo que les permita la plena vigencia de la política del avestruz”.

 

Senderovsky afirma que lo importante es poder decir lo que uno piensa y, cuando alguien no puede hacerlo, recomienda hacer una consulta con un especialista: “De esa manera puede darse cuenta hasta qué punto seguir con ese grupo o buscar otro. Tenía un paciente que se drogaba y con el tratamiento se dio cuenta de que realmente no podía seguir con en ese entorno, o sí, pero mostrando otra faceta de su vida, como sus estudios o su trabajo, y no pegado a esos valores con los que no acordaba”, sostiene.

 

Encajar, cumplir con el “deber ser”, todos lo intentan en mayor o menor medida en algún momento de sus vidas. La cuestión es no dejar que el afuera se arrebate el interior de cada uno por la necesidad de ser aceptado

 

 

Maria Barberis    http://pinterest.com/mariabarberis/               www.mariabarberisfashiontips.blogspot.com

 

GENTILEZA DIARIO CLARIN  por Barbera Reinhold



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