Por Mariano Busilachi

 

Desolado, frío, casi desértico. Aunque suene un tanto extremo, así es como uno puede encontrarse con la calle Alem un viernes por la noche. Los sábados presentan un poco más de movimiento. Pero solo eso. Otras zonas tradicionales de la nocturnidad marplatense también sufren la misma suerte. Como el caso de la Avenida Constitución, donde unos pocos boliches animan la noche de la tradicional zona.

 

Alem supo ser el epicentro de numerosos bares, algunas bandas musicales dieron sus primeros pasos ahí , donde algunos reductos se consolidaron como visita obligada. Lo mismo puede decirse de la tradicional Avenida Constitución. Aquella en donde abundaban las discotecas y pubs que eran característica distintiva de la zona. Tampoco se puede dejar de lado la zona céntrica de la ciudad, la calle Hipólito Yrigoyen (más conocida como “Hipólito”), o los espacios de nocturnidad establecidos sobre la costa, con una ubicación privilegiada frente al mar.

 

Cierto es que los años no vienen solos. Y con ellos vinieron medidas que restringieron notoriamente el número de establecimientos dedicados a la nocturnidad. Algunas normativas fueron positivas. Aunque otras no lo fueron. Lo que no pudo lograr Duhalde en 1996, lo logró en parte Daniel Scioli con el apoyo del actual intendente Gustavo Pulti. El decreto 1555 firmado por Eduardo Duhalde, en aquel entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires, establecía que las discotecas debían cerrar a las tres de la madrugada entre marzo y diciembre, y a las cuatro en los meses de verano. Pero la medida terminó siendo obsoleta, ampliamente criticada y se demostró que no cumplió con los objetivos propuestos. Hoy en día, luego de una serie de ordenanzas y decretos inquebrantables, la nocturnidad ha sufrido grandes cambios.

 

En 1996, el hecho pasaba principalmente por combatir la droga en los jóvenes. Hoy el tema principal es, no solo la droga, sino el consumo abusivo del alcohol. Es positivo que se haga algo para combatir este problema social. El hecho pasa por las formas. La ley provincial 14050, establece en su artículo 17 que “las Municipalidades deberán adecuar sus reglamentaciones locales a las previsiones de esta Ley, sin perjuicio de la aplicación de las normas propias cuando las mismas contemplen límites o modalidades horarias y de funcionamiento más restrictivas”. Según lo dispuesto en esta normativa, todos los locales donde se realicen actividades bailables y/o similares “abrirán sus puertas para la admisión hasta la hora dos, y finalizarán sus actividades como horario límite máximo a la hora cinco y treinta”. En la práctica, el primer punto no se cumple, ya que el horario de entrada se extiende más allá de las dos de la madrugada. Pero sí se cumple el segundo punto. Las discotecas -o “boliches”- deben cerrar obligadamente a la hora estipulada en la ley, sino corren riesgo de severas sanciones. El caso de los bares y pubs es aún más restrictivo. Según una ordenanza aprobada en junio del 2011, están obligados a cerrar sus puertas a las cuatro de la madrugada.

 

Otro artículo fuerte de la ley provincial, obliga que finalice “la venta, expendio y/o suministro a cualquier título de bebidas alcohólicas a las cuatro y treinta horas”. Esto puede considerarse una medida positiva, mas allá de que uno pueda compara alcohol antes de las 21 en cualquier  lugar habilitado.

 

Estas regulaciones comprenden artículos que ayudan a controlar el consumo de alcohol, y particularmente los ruidos molestos generados por la nocturnidad. Pero también dejan algunas preguntas sobre la mesa. Salir de un bar a las cuatro de la mañana en pleno invierno, de noche, con frecuencias mínimas de colectivo, ¿no se considera peligroso para una persona? Igual problema para quienes van a una discoteca. En pleno invierno, a las cinco y media de la madrugada es también de noche. Y no todos los locales se ubican en lugares de mucho tránsito. Inclusive no todas las personas tienen la posibilidad de ir en auto, o tomarse un taxi o remis. Sabiendo de la inseguridad que se vive en el país, ¿nadie pensó lo que puede pasar con un joven en la calle a las cinco de la mañana en invierno?

 

Pero en la época de calor y días largos también se vuelve una complicación. No por el horario, sino porque para muchos locales es tan difícil mantenerse con estas restricciones, que directamente no llegan al verano. Y así se vuelve a lo mencionado en las primeras líneas de este artículo. Los jóvenes ya no tienen tantas opciones para elegir donde salir, los empresarios ya no confían en invertir en locales bailables, y las normas solucionan problemas pero crean otros igual de graves. En Alem queda tan solo un puñado de bares a donde ir. En Constitución los boliches se cuentan con los dedos de una sola mano. En Hipólito, o el centro, los bares se dedican a probar suerte con los After Office, los Happy Hour y la gastronomía. En el resto de la ciudad, son pocos los que todavía tienen éxito.

 

Las normas existen para solucionar los problemas de la ciudadanía. No siempre se puede dejar feliz a todo el mundo. Pero en ciertas ocasiones, no siempre una regla viene a solucionar el problema de fondo. Por el contrario, agrega nuevos focos de conflicto.



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Comentarios:

1 Comment

  1. JMC
    12 agosto, 2012 at 4:23 PM — Responder

    Hay algo que ni Scioli, ni Pulti, ni ninguno de los politicos que apoyan estas medidas aclaran. Esto no regula y afecta solo a los menores de edad y a esa “supuesta” jueventud que se pretende tutelar, no. Con ellos como escusa se afecta a toda la sociedad, se afecta a mayores de edad que tienen el derecho de decidir que consumir, como, cuando, y en que cantidad. Una persona que se rompe el lomo laburando toda la semana tiene derecho a poder un viernes o sabado poder recrearse y relajarse un rato saliendo a algun lugar. El esparcimiento nocturno es una valvula de escape para la sociedad, un punto de fuga donde se apaciguan las complicadas y tensas aguas de una larga semana de stress. Vivimos en una ciudad griz, con un clima realmente de mierda que no acompaña, en verano somos turistas en nuestra propia ciudad, y cuando llega la hora de poder disfrutarla, cuando llegan esos meses, ya no quedo nada para disfrutar.

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