Por: Elba Malmierca – Obstétrica – Mat.Prov 20154

 

Con la confianza y la calidez de ir pegado a la piel de la mamá, como cuando estaba en su hogar uterino, ya en la primera hora de vida el bebé posee un reflejo de succión y un desarrollado sentido del olfato, que le llevan instintivamente a buscar el pecho desnudo de la madre.

 

El alimento que la mujer produce satisface al niño en todos los niveles. Tiene el equilibrio adecuado de proteínas, grasa, y carbohidrato, y la proporción de alimento y fluido se va adaptando mientras el niño mama para satisfacer todas sus necesidades. Contiene defensas que protegen al bebé y le aportan anticuerpos procedentes del organismo materno, que le protegen de muchas enfermedades.

 

No obstante, no es tan sólo el estómago del niño el que se alimenta del pecho. Al anidarse en el cuerpo de la madre, al explorar su contorno con las manos y al sentir la cálida leche fluyendo en su interior mientras fija su mirada en los ojos de la madre, el bebé también recibe alimento emocional.

 

Mientras succiona, los labios y la nariz del bebé reciben la estimulación del contacto con la piel de la madre, lo que facilita el desarrollo del sistema respiratorio. A todos los niveles, el bebé se halla vinculado con el cuerpo de la madre mientras se alimenta de su pecho.

 

La lactancia materna es semejante a un sistema autosuficiente de salud, un proceso bidireccional que no sólo ayuda al niño, sino también a la madre.

 

Aún cuando la comunidad científica respalda la lactancia natural, las prioridades de nuestra cultura son contrarias a lo que deberían ser: desanimando a las mujeres alegando la “caída de los pechos”, y sobre todo es una época que se ha hecho tan difícil para las madres amamantar adecuadamente y ganarse la vida al mismo tiempo. Muy importante es informarse con personal especializado para instrumentar los medios para amamantar y trabajar.

 

Cuando confiamos en los fabricantes de fórmulas más que en nuestra capacidad de nutrir a nuestro bebé, perdemos la oportunidad de recuperar un aspecto de nuestro poder femenino.

 

Pensar que la leche de fórmula es tan buena como la leche materna es creer que treinta años de tecnología son superiores a tres millones de años de evolución de la naturaleza. ES UN ACTO DE PODER FEMENINO.



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