A pesar de la lluvia, miles de fieles se acercaron este marte 7 de agosto al Santuario de San Cayetano, para venerar al santo del pan y del trabajo, algunos para agradecer, otros para pedir y otros simplemente “por cariño” a San Cayetano.

 

El lema propuesto por la comunidad parroquial, para este año, fue “San Cayetano, pan y trabajo para la familia”.

 

El obispo de Mar del Plata, Monseñor Antonio Marino, encabezó la procesión y la misa que a pesar de la lluvia y con la nota de color aportada por los paraguas, se realizó como siempre, en el escenario montado frente a la plaza del barrio.

 

El santuario estuvo abierto día y noche; hubo misas desde las 0 y durante todo el día los sacerdotes bendecían espigas, ayudados por los diáconos, y también confesaron a los peregrinos que se acercaban.

 

En el salón parroquial, no sólo vendían artículos religiosos y los “tradicionales pastelitos” sino que regalaban mate cocido a los peregrinos.

 

“El fervor de la fe ha sido mayor que el mal tiempo, y la lluvia no ha logrado interrumpir ni la procesión ni la celebración de esta Santa Misa que realizamos fuera del templo parroquial para provecho de todos. Veo una gran muchedumbre de fieles y mi corazón de pastor se alegra al comprobar que están aquí sostenidos por la fe. Nos convoca San Cayetano en el día de su fiesta, y él, a su vez, orienta totalmente nuestra mirada hacia aquel que fue su Maestro y Señor, Jesucristo”, inició su homilía el Obispo de Mar del Plata.

 

Luego Monseñor Marino, se refirió a las circunstancias actuales, sobre la falta de fuentes laborales o la precarización laboral. “En muchos hogares escasea el pan, y son multitud quienes no pueden experimentar el derecho y la dignidad de ganarlo para sí y su familia, mediante el trabajo”, señaló.

 

“La actividad pesquera y portuaria, en sus distintos niveles, que significa el principal motor laboral de Mar del Plata, acaba de padecer uno de los peores males: un prolongado conflicto de varios meses ha paralizado la zona portuaria y ha perjudicado a los más débiles dentro de la cadena laboral, dejándolos sin su fuente de ingresos”, agregó.

 

Marino dio gracias por el término del conflicto y deseó que esta solución se afiance desde sus fundamentos, para que no se trate de una simple tregua. “Desde la doctrina social de la Iglesia, aquí hay lecciones para todos”, reflexionó.
Durante la bendición final, como también es tradición, el Padre Juan Pablo Cayrol hizo levantar en alto las manos de todos los fieles, y luego las espigas y objetos religiosos que fueron bendecidos por el Obispo de Mar del Plata.



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