El Servicio Penitenciario de la Provincia de Buenos Aires ha tenido este año diez fugas de personas detenidas en sus penales, con lo cual se ha profundizado las sospechas que existen sobre esta institución carcelaria.

 

La serie de fugas cinematográficas comenzaron el 14 de enero de este año, cuando un preso que estaba recluido en la Unidad 44 del complejo de Batán logró escaparse gracias a un operativo montado para que pueda ir a su propia casa, para visitar a su hijo.

 

Según la increíble versión de los agentes penitenciarios que habían estado a cargo del traslado y la custodia del detenido, el hombre les “arrojó a su hijo” (sic) y aprovechó el revuelo de la situación para huir por un patio trasero, saltar a una casa lindera y salir hacia la calle de atrás, donde lo esperaba un cómplice para escapar en moto.

 

En el medio, según contaron los penitenciarios, un perro “temible” dejó pasar a su dueño pero intentó atacar a quienes lo perseguían, obligando a estos a cesar en la persecución.

 

Unos meses después, el 26 de abril, Juan Ramón San Martín se escapó cuando era llevado a declarar a la fiscalía N° 7 de Mar del Plata, que lo investigaba por el asesinato de Ariel Di Meglio, muerto de un balazo en el pecho en septiembre de 2011, cuando le robaron su moto.

 

Lo curioso del caso San Martín es que no se escapó una vez sino tres veces, desde que fue detenido en septiembre. Por supuesto que en cada una de sus fugas, la aventura de San Martín no fue menos cinematográfica que otras.

 

La tercera fuga se trató de otro joven de 18 años que estaba detenido en el Centro Cerrado para menores de Batán. Como en las anteriores, la explicación oficial no dejó de ser insólita: el interno aprovechó “un descuido” y limó las rejas de un portón en el patio para luego escaparse corriendo.

 

La seguidilla de fugas de presos bonaerenses continuó el 2 de junio en Batán, esta vez con una huida grupal: Cristian Tapia, Walter Santamaría, Danilo Ríos y Pablo Cabrera se fugaron del la Unidad 44 del complejo de Batán, mientras los guardias miraban un partido de fútbol.

 

Según la versión de los penitenciarios, los presos aprovecharon la distracción para trepar un muro y descolgarse del mismo anudando unas cuantas sábanas.

 

El 27 de junio se produjo la octava fuga: Gustavo Maciel Villaverde, alias “Poxi”, se fue de la Unidad 41 de Campana saliendo por la misma puerta por la que había entrado unos meses antes.

 

Esta vez, un grupo de personas se apersonaron en el penal disfrazados de agentes penitenciarios y presentaron un oficio que ordenaba liberar a Villaverde.

 

El noveno preso que se escapó de una cárcel bonaerense en 2012 fue Marcelo Segovia, alias “Monguito”, que también se fue por la misma puerta por la que había entrado, pero esta vez vestido de mujer, como sucede en las mejores películas policiales de Hollywood.

 

La décima y por ahora última fuga de un preso del SPB ocurrió nuevamente en Batán, cuando Agustín Lapenta Díaz se hizo pasar por otro interno que debía recuperar la libertad el sábado 29 de julio.

 

Estaba preso desde hacía solo 4 días por una causa de “robo agravado por uso de arma de fuego”, y cuenta con varios antecedentes.

 

Lo mas llamativo es que tras estas fugas de películas, después no se informa el resultado de los sumarios internos, ni de pases a disponibilidad, ni de desplazamientos de autoridades.

 

Telam



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