Hoy se cumplen 20 años de la muerte de Astor Piazzolla, bandoneonista, compositor, una de las figuras más trascendentes de la música argentina de la segunda mitad del siglo XX.

 

Popular e impopular con igual intensidad, Piazzolla fue el que a fuerza de talento y, sobre todo, de convicciones, supo darle una vuelta de página al tango, abrir sus ventanas al mundo, escribir otro capítulo e inventarle una nueva tradición.

 

Piazzolla nació en Mar del Plata el 11 de marzo de 1921 y pasó su infancia en Nueva York. A los 16 años regresó a la Argentina y en Buenos Aires comenzó a perseguir al músico que había comenzado a formarse en Estados Unidos. Sus fuentes estaban en la música ciudadana, cuyos arcanos perfeccionó trabajando en la orquesta de Aníbal Troilo.

 

Pero en una capital curiosa y ambiciosa de la década de 1940, un músico curioso y ambicioso debía también indagar en los modernismos que delineaban las estéticas de la época, en las escuelas nacionales, en Alberto Ginastera, Bartok, Stravinsky, en la tradición de Johann Sebastian Bach y el contrapunto como instancia superior del conocimiento musical. También prestó atención al entonces creciente jazz comercial y más tarde al Cool Jazz, al Jazz-Rock, al rock progresivo. También a París y a Nadia Boulanger.

 

Astor Piazzolla fue un artista que cambió las leyes del tango para siempre. Intérprete y compositor por excelencia, muchos de sus colegas no comprendieron su arte y lo tildaron de “asesino” del género.

 

“Sí, es cierto, soy un enemigo del tango; pero del tango como ellos lo entienden. Ellos siguen creyendo en el compadrito, yo no. Creen en el farolito, yo no. Si todo ha cambiado, también debe cambiar la música de Buenos Aires. Somos muchos los que queremos cambiar el tango, pero estos señores que me atacan no lo entienden ni lo van a entender jamás. Yo voy a seguir adelante, a pesar de ellos”, contó en una entrevista a la revista Antena en 1954.

 

En 1959, durante una actuación en Puerto Rico, junto a Juan Carlos Copes y María Nieves, recibió la noticia de la muerte de su padre, Vicente Nonino Piazzolla. Astor vuelve a Nueva York, donde vivía con su familia, y allí compuso “Adiós Nonino“, su obra más célebre, que conservaría la sección rítmica del anterior tango “Nonino” (conocida como 3, 3, 2), una sentida elegía de despedida que se convertiría en un sinónimo de Piazzolla a lo largo de los años.

 

Amigo y admirador de Osvaldo Pugliese, compartieron escenario en junio de 1989 en el teatro Carré de Ámsterdam, Holanda.

 

Como muchos grandes personajes de nuestra historia, de nuestra cultura, de nuestra ciencia y de nuestro arte, Piazzolla fue primero reconocido en el mundo y luego en su propio país. Hoy su música es la que identifica, más que ninguna otra, a la ciudad porteña.

 

Desde una personal mirada sobre las circunstancias musicales de su tiempo, acaso sin profundizar demasiado ninguna de ellas, Piazzolla construyó su propio sonido, intenso e inconfundible. Una música que entraba y salía del tango con absoluta libertad, pero que inevitablemente respiraba aires ciudadanos.

 

Murió en Buenos Aires, a los 71 años, tras una trombosis cerebral que dos años antes lo había atacado en París.

 

FRASES

 

“Adiós, Nonino es un tango religioso, arrancado desde el dolor. Un réquiem tanguero”.

 

“La música es más que una mujer, porque de la mujer te podés divorciar, pero de la música, no”.

 

“Mi principal estilo es haber estudiado. todos creen que hacer un tango moderno es hacer ruidos, es hacer cosas raras, y no”.

 

“El que no tiene un poco de locura es un idiota. Los cuerdos son muy aburridos”.



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