La Facultad de Ciencias Médicas y el Observatorio de la Ciudad de la Universidad FASTA realizaron un estudio sobre la autopercepción de hombres y mujeres de la tercera edad, con el objetivo de indagar a qué edad comienza esa etapa de la vida, y cuáles son las principales preocupaciones que se le asocian.

 

En el marco del lema “Envejecimiento y Salud” propuesto por la Organización Mundial de la Salud para celebrar el Día Mundial de la Salud fueron encuestados 490 personas mayores de 65 años, y se les preguntó a qué edad se considera que debe hablarse de “la tercera edad”, “adulto mayor”, o “vejez”. El promedio de respuesta fue de 68 años, lo que no condice con el índice de la OMS, que lo fija a los 60.

 

Los datos indican que a medida que avanza la edad de los encuestados se incrementa la percepción de pertenencia al segmento de población de adultos mayores.

 

Pero el dato más interesante es que sólo un 24% de la población encuestada menor a los 71 años se siente incluida en el colectivo de la tercera edad. Esto es destacable porque el 80% del total de la muestra considera que la “tercera edad” comienza antes de los 70 años.

 

Es manifiesta la diferencia existente entre la respuesta a la pregunta de orden general y a la pregunta referida a su vida personal. Según los datos obtenidos, los 70 y los 75 años parecen constituir puntos de inflexión.

 

El estudio del Observatorio y la Facultad de Ciencias Médicas de UFASTA indaga, además, sobre el significado de “ser viejo”, y cuál es la reconfiguración de ese significado en esta época: “la vida de una persona tiene una dimensión individual, social, política, histórica que configura la vida personal según distintas modalidades y, por lo tanto, no hay una manera de envejecer, sino una pluralidad de alternativas”.

 

Por eso, en definitiva, la investigación concluye en que se debe asociar a los distintos modos de la “situación vital” que resulta de la concurrencia de múltiples variables que condicionan a la persona más allá del paso inexorable del tiempo que acumula años.

 

En ese sentido, las personas mayores indican una enorme cantidad de actividades a que dedican su tiempo, manteniéndose activos, interesados y conectados con la realidad que los rodea: la mayoría destaca tener tiempo libre para realizar tareas domésticas, caminar, leer y dedicarse a sus nietos y familiares.

 

La vejez y la discriminación

 

Al indagar sobre la existencia de discriminación en el trato de los adultos mayores, muchos mencionaron haberse sentido discriminados en lugares a los que habitualmente concurren: en los Bancos, en el PAMI, en entidades públicas en donde no los atienden como corresponde, en los hospitales, esperando su turno en los consultorios médicos, cuando no les quisieron dar cobertura médica en una obra social, cada vez que siente que la medicina es sobre todo un negocio, cuando el médico tiene otros pacientes y lo atiende en un pasillo, cuando caminan lento y les dicen “apuráte”, al manejar un auto y recibir un insulto, al cruzar la calle cuando les gritan “¡dale!”, por la falta de respeto de los menores, entre otras experiencias.



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