Decía Groucho Marx que la risa es el mejor invento de la humanidad. Con el acto físico de reír ponemos en marcha 400 músculos de nuestro cuerpo y nuestro cerebro libera las endorfinas, conocidas como hormonas de la felicidad, encargadas de estimular los centros de placer de nuestro organismo y actuar como un analgésico contra el dolor y la depresión. Miles de años antes de Groucho, algunos de los grandes filósofos de Grecia ya se tomaron muy en serio la risa.

 

 

Sócrates dijo que “la alegría del alma forma los bellos días de la vida”, mientras que Aristóteles definía la risa como “un ejercicio corporal valioso para la salud”. Hoy, en nuestro tiempo, reír es tan necesario como dormir bien, llevar una vida saludable o practicar deporte. Pero la monotonía diaria, la rutina laboral y el aburrimiento doméstico consiguen que sonreír sea una quimera.

 

 

Cuando nos hacemos  mayores, nos  reímos menos y, si de pequeños lo hacíamos unas 300 veces al día, en la edad adulta no llegamos a las 30. El psiquiatra William Fry, quien ha estudiado los efectos de la risa durante más de 25 años, asegura en uno de sus estudios que tres minutos de risa intensa equivalen en salud a cerca de diez minutos de ejercicio aeróbico. “Cuando nos reímos de verdad los pulmones pueden llegar a inspirar hasta doce litros de aire, en lugar de los seis habituales, fortalecemos el corazón, facilitamos la digestión al hacer vibrar los intestinos y mejoramos el estreñimiento y la apetencia sexual, así como reducimos la hipertensión aumentando el riego sanguíneo”.

 

 

 

 

En estos últimos años la risoterapia ha ido ganando terreno en el mundo empresarial y laboral. Hoy, muchas empresas pagan a sus ejecutivos y empleados cursillos de risoterapia. La risoterapia se practica mucho más hoy que hace cinco o diez años y  son cada vez más los talleres y centros terapéuticos que la imparten. Las unidades de pediatría de muchos hospitales incorporan talleres de payasos para los niños y hay geriátricos que programan sesiones de risoterapia.

 

 

En una clase de risoterapia las personas “no se ríen de”, sino que “se ríen con”. En este sentido, los risoterapeutas utilizan técnicas que combinan la expresión corporal, la música y la danza con los ejercicios de respiración y los masajes para conseguir una risa natural.

 

 

El doctor Lee Berk, profesor de Patología de la Universidad de Loma Linda, California, y uno de los principales investigadores mundiales del buen humor y sus efectos en la salud, publicó en 1989 un estudio en el que constató que las personas expuestas a sesiones de buen humor reducen las concentraciones de hormonas que provocan la tensión. Para su estudio, Berk examinó muestras de sangre de individuos antes y después de que vieran videos cómicos.

 

 

 

La esperanza de vida se sitúa ya por encima de los 80 años. Se trata de una tendencia que seguirá aumentando puesto que la longevidad es uno de los logros de la sociedad moderna. Vivir más tiempo, pero gozando de una salud encomiable es el reto. La medicina contribuye a ello, pero los hábitos de vida saludable, el buen humor y afrontar la vida de una forma positiva son ingredientes básicos que complementan este cóctel.

 

 

DIARIO CLARIN  (Santi Bonet. Periodista de La Vanguardia)

 

 

 

 

 

 

 



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