En todas las culturas existe la noción de viaje iniciático que suele implicar un pasaje a un nivel mayor de madurez o de responsabilidad.

 

 

 

Dicen que viajando se fortalece el corazón, pues andar nuevos caminos te hace olvidar el anterior. Para Litto Nebbia se resume en una simple frase, “sólo se trata de vivir”. Para el ser humano, viajar, desplazarse, conocer otras culturas y otras realidades, es una forma de ampliar su base de conocimientos, interactuar con sociedades extrañas a la propia, y de alguna manera, “cortar el cordón umbilical” que lo ata a su propia idiosincrasia.



“La idea del viaje como camino de autoconocimiento es muy antigua, y se remonta a las culturas tribales, algunas de las cuales todavía existen. Los varones, enfrentan esto alrededor de los trece años, y las mujeres con la primera menstruación”, asegura Graciela Caprarulo, profesora en Letras de la Universidad Católica Argentina, especializada en Literatura iniciática y mitología clásica y medieval. “Por ejemplo, en el caso de los indios americanos, los chicos son llevados al bosque, y allí tienen que vivir de lo que puedan cazar durante una temporada. También tienen que sobrevivir a los animales salvajes, y es en ese desamparo donde pueden conocerse a sí mismos y encontrar recursos que tal vez no sabían que tenían”, agrega.

 

 

En las antiguas literaturas, mitologías y religiones, el viaje también dijo presente, y su sentido fue el de forjar héroes y heroínas, a través del viaje iniciático, que acarrea una transformación y aprendizaje para quien lo realiza. Algunos de los ejemplos de viajeros notorios a lo largo de la mitología y la historia son figuras patriarcales como Moisés, quien dirigió el éxodo de su pueblo hacia una tierra prometida; héroes como Odiseo, quien emprendió un viaje de regreso a su hogar; o aventureros como Marco Polo o Cristóbal Colón, quienes marcharon en busca de otras tierras.

 

 

“En un tiempo donde no existía la escuela como institución, ni el acceso a libros o medios de comunicación, viajar era la única forma de tener experiencias distintas y conocer”, señala Caprarulo, fundadora y directora del proyecto “Viaje del héroe”, Centro de Estudios Míticos y Arquetípicos, dedicado al estudio del mito y su importancia en la actualidad. “Hoy en día las personas están profundamente condicionadas por nuestro medioambiente, la educación recibida, la familia, los modelos de la sociedad.

 

 

Viajar, alejarnos de ese medioambiente es darnos la oportunidad de vernos a nosotros mismos más libres de esos condicionamientos”.

 

 

Recorrer gran parte del Noroeste Argentino durante más de cuatro meses, le permitió a Bruno Nuguer conocerse a sí mismo a través de experiencias vividas. “Perder las ataduras y el compromiso de pertenecer me dio la posibilidad de experimentar la lejanía, y con ella, la visión en perspectiva de un pasado reciente, de los círculos familiares, de las relaciones en general. Y por sobre todas las cosas, una visión esclarecedora acerca del comportamiento del ser humano”, detalla.

 

 

En su libro “Por una antropología de la movilidad”, el antropólogo y etnólogo francés Marc Augé afirma que “hay que ser capaz de ir más allá de uno mismo y ser capaz de asumirse como extranjero, aún en territorio conocido”, para poder obtener una verdadera enseñanza, y que sólo de esa manera el viaje realizado sea fructífero. Viajar amplía la mirada y es una invitación a incluir lo que estaba separado, para de esta manera dejar de ser seres fragmentados.

 

 

Viajar, muchas veces, es una actitud frente a la vida. Aunque se permanezca sedentariamente en un lugar por períodos extensos, no sólo se viaja con el cuerpo, sino también con la mente y con la imaginación. “La paradoja más grande del viaje es que eso que habíamos salido a buscar estaba en casa o estaba dentro de nosotros. Sin embargo, jamás lo habríamos descubierto si no hubiéramos elegido partir. Por eso volver es también recuperar la capacidad de valorar muchas de las realidades que habíamos dado por sentadas o incluso habíamos ignorado”, resume Caprarulo.

 

 

Para volver a descubrirse a uno mismo, el hambre por nuevos viajes no debe cesar nunca. Eso habrá querido decir el músico rosarino cuando le puso melodía a aquellos versos: “Seguro que al rato estará volando, inventando otra esperanza, para volver a vivir”.

 

 

 

DIARIO  CLARIN   por Nicolás Parrilla

 



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