La vida laboral de los jóvenes profesionales o emprendedores es muy diferente a lo que era hasta hace algunos años. La idea de ingresar a trabajar a una empresa, desarrollarse y culminar su vida laboral en el mismo lugar, ya no tiene tanto atractivo. Los trabajadores independientes se han multiplicado y han generado una transformación en la forma de relacionarse con sus espacios de trabajo. Se suman a diferentes proyectos y se ocupan de una variedad de clientes y empresas al mismo tiempo, disfrutando de esa diversidad por ser más dinámica y divertida.

 

 

La gran diferencia con otras épocas está en los lugares de trabajo. Una modalidad que en Capital Federal ya está instalada, comienza a verse en Mar del Plata: son los espacios de coworking o trabajo colaborativo. “Está dirigido a personas de distintas disciplinas que tengan ganas de compartir e innovar en un espacio polivalente” explicó Carlos Schauer de Suma Conectivo, uno de los primeros espacios de coworking de Mar del Plata, ubicado en la zona de Güemes. Este lugar no solamente está pensado como una oficina, sino como un polo de conexión para generar proyectos atractivos. Es así, que se organizan, allí mismo, charlas un día a la semana en las cuáles se presentan emprendedores para contar casos de éxito o las propias personas que trabajan allí comparten los proyectos en los que están trabajando e invitan a los demás a sumarse y aportar sus conocimientos. La riqueza está dada en que se trata de profesionales de distintas áreas que pueden complementarse mutuamente beneficiándose ambos.

 

 

El coworking trabaja al mismo tiempo sobre lo individual y lo colectivo. Cada uno puede dedicarse a sus actividades particulares, pero luego participar de proyectos colectivos con otros miembros del espacio. Agustín, es un diseñador gráfico que trabaja durante las mañana para una agencia de publicidad de Buenos Aires, pero lo hace online desde Mar del Plata en la oficina que comparte con programadores, periodistas, diseñadoras industriales, relacionistas públicos y emprendedores de distintas áreas. Por las tardes se ocupa de un cliente de Europa y aprovecha para hablar con sus compañeros sobre proyectos en común. Le gusta el coworking porque está desarrollando, junto a un programador, un sitio web de búsquedas deportivas y necesita el conocimiento de publicistas y profesionales que lo ayuden a comercializar su idea.

 

 

“La idea es que este espacio de oficinas compartidas sea algo más que una forma de bajar costos. Queremos trabajar cómodos, compartir conocimientos y enriquecernos con nuestras diferencias” explica Favio de Coworking Buenos Aires, que se encuentra en Palermo Soho.

 

 

En el caso marplatense de Suma, no es ni se ve como una oficina tradicional: es una oficina, un aula, un taller, un laboratorio, un café, un living. “Es un ecosistema abierto, transparente y de colaboración en donde surgen nuevos proyectos o se potencian los que ya existen. Es por eso que funciona el coworking”, destaca Marina que trabaja como diseñadora. En una época en la que se cuestiona tanto la falta de comunicación de las personas, debido a las facilidades de conexión que ofrece la tecnología, la aparición de un lugar en donde se coloca a las relaciones sociales como el valor principal, es algo destacable y que genera un legítimo interés.



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