El violento hecho ocurrió en el bar ubicado en la zona de Avenida Independencia y Gascón, el 24 de marzo a las 3 de la mañana. La hermana del joven agredido escribió una nota relatando lo sucedido y señalando las enormes fallas de los responsables del lugar.

Por Nadia Olsen Andersen

Cuando nos remitimos al Lejano Oeste, lo primero que se nos viene a la cabeza en nuestro imaginario, son las grandes peleas; esas en las que las sillas vuelan, las mesas se ven rotas y las botellas de vidrio se estrellan en cabezas que están algo atontadas por la ingesta de alcohol.
Remitiéndome, entonces, a lo sucedido el pasado viernes en el Bar ubicado en Gascón entre Independencia y La Rioja de nuestra ciudad, esa imagen no es ni tan lejana ni tan del oeste.
Siendo aproximadamente las tres de la mañana, ya del sábado 24 de marzo, mi hermano y sus amigos festejaban un cumpleaños en Walker, un espacio relativamente nuevo en la ciudad que prometía una noche de diversión promocionando su servicio de “Canilla libre”.
Y así, como en el Lejano Oeste, un joven de la misma edad que mi hermano se le acerca con el pecho en alto y actitud desafiante preguntando ¿Qué pasa? y recibe como respuesta la misma pregunta ¿Qué te pasa a vos?
Luego de ese breve intercambio de palabras, cada uno siguió por su lado, pero esa simple y ya cotidiana situación se transformó en la antesala de lo que sucedería minutos más tarde.
Uno de los amigos de este joven, sin mediar palabras y sin argumento alguno, tomó su vaso de vidrio –sí, de vidrio – y lo estrelló en la cara de mi hermano.
Como consecuencia no tuvo más alternativa que correr al baño del lugar para parar la sangre que le provocaron los cortes en la cara y en el cuello. Entre tanto, los dos bandos se enfrentaban dentro del lugar cuerpo a cuerpo, cara a cara.
En esta breve crónica existen actores invisibles: los responsables del bar.
La cantinera continuó sirviendo sus tragos con la misma naturalidad con la que los guardias de seguridad ‘sellaban’ las manos de los jóvenes que ingresaban al lugar, mientras tanto los dos grupos defendían con extrema violencia lo que para cada uno era justo.
La historia continuó fuera del bar, donde cuatro patrulleros hicieron cumplir la ley de una manera muy particular: acompañaron a mi hermano y a sus amigos hasta la esquina y les dijeron: “vayan para allá, para no volver a cruzarse”.
Como podrán leer, en ningún momento aparece la palabra: ambulancia, asistencia médica, clínica, hospital, ni otras similares.
Mediante este escrito, quien firma y la familia, simplemente buscamos alertar y pedir. Alertar para que esto no vuelva a suceder.
Hoy mi hermano está vivo sólo porque “tuvo suerte”. Si el mismo vaso hubiera impactado cinco centímetros más abajo el corte hubiese sido fatal, y si hubiera sido hacia arriba su ojo derecho estaría implicado. En su rostro y cuello los cortes son impresionantes, dan miedo y la ironía más impactante es que la naturalización de la violencia social nos lleva a pensar cosas como: Qué desgracia con suerte, menos mal que fue esto y no algo peor. Resulta extraño afirmar que mi hermano, por decirlo de alguna forma, tuvo “un Dios aparte”.
¿Por qué dejar en manos de Dios, del azar o incluso de la suerte, algo que ya tiene definido a sus responsables? Es momento de dejar de esperar que exista una víctima fatal para hacer, o hacer cumplir las reglamentaciones que se supone, existen para cuidar a la sociedad entera.
Tras lo sucedido, resulta irónico leer la declaración de Mauricio Kennys, representante de la Cambya de Mar del Plata, cuando afirmaba que “Es preferible que los chicos estén dentro de los boliches, más contenidos y no en la calle”[1]. Sr. Kennys, ni mi hermano, ni sus agresores –todos víctimas a fin de cuentas- estuvieron contenidos. No fueron asistidos dentro del boliche, tampoco en la calle.
Señores funcionarios municipales, ¿Existe alguna legislación que prohíba la comercialización de bebidas en recipientes de vidrio dentro de los bares? En el caso de que exista pedimos por favor a quienes les corresponda que verifiquen que todas las reglamentaciones vigentes se cumplan. Si fuese inexistente pedimos que puedan evaluar la posibilidad de sumar este ítem a las regulaciones que rigen la actividad de los locales nocturnos.
Por último, a todos aquellos que dirigen este tipo de espacios les pedimos que lo hagan con conciencia y responsabilidad, que se capaciten para saber cómo responder ante este tipo de situaciones, cómo neutralizar los enfrentamientos de los jóvenes y sobre todo, que se hagan cargo por los hechos ocurridos dentro de sus establecimientos.
Esperamos que estas situaciones no se repitan, que sigan siendo sólo películas, cuentos, inventos y que se mantengan en un lugar muy lejano.



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