El obispo de Mar del Plata, monseñor Antonio Marino, presidió la misa en la parroquia San Antonio de Padua, de Mar del Plata, con motivo del inicio del ciclo lectivo 2012.

 

Durante su homilía recordó que “la Iglesia, que ha sido la gran educadora de Occidente desde sus orígenes y a lo largo de los siglos, nos enseña en el último Concilio que la verdadera educación ‘se propone la formación de la persona humana en orden a su fin último y al bien de las sociedades, de las que el hombre es miembro y en cuyas responsabilidades participará cuando llegue a ser adulto’”.

 

“La educación se concibe, por tanto, como un proceso de formación integral de la personalidad, que además de la necesaria instrucción y transmisión de contenidos teóricos y prácticos, debe incluir el deseo de la verdad, la educación para el uso responsable de la libertad, la distinción entre el bien y el mal, el descubrimiento de sí, de la propia personalidad, de la vocación o ubicación en la vida”, subrayó.

 

El prelado reflexionó sobre este tema “si la transmisión de conocimientos supone una preparación adecuada en el docente, que se toma la fatiga de aprender a comunicar con pedagogía, mucho más comprometida es la tarea de la que tampoco puede eximirse: enseñar a vivir con el propio testimonio de vida y con la palabra oportuna cuando el caso lo requiera”, indicó.

 

El obispo destacó que “un gran educador, surgido de la fértil tierra católica, maestro de la juventud que dejó una huella imborrable en el campo educativo, decía desde su ejemplar experiencia: ‘Recuerden que la educación depende de la formación del corazón’. Se trata de San Juan Bosco”.

 

No obstante, reconoció que “la educación integral, que llega al corazón del niño o del joven, es una meta exigente. Excede por cierto el ámbito de la escuela, pero la incluye necesariamente, como un aspecto ineludible. Sin duda, tienen los padres y el conjunto de la sociedad su tarea irrenunciable. Pero los maestros y profesores, directivos y miembros de la comunidad educativa tienen su parte específica que dejará huella perdurable”.

 

Monseñor Marino consideró que “hoy es preciso educar en el cultivo de las virtudes fundamentales que sirven de cimiento a la personalidad y contribuyen al bien común de la sociedad. Entre ellas la justicia y la caridad, el respeto por las normas de una sana convivencia, la ayuda solidaria, el acatamiento del orden y el aprecio de la paz. La escuela, lo mismo que el hogar, no puede renunciar a poner límites a los deseos desordenados y anárquicos de los alumnos. Entre el exceso y el defecto, habrá que aprender el justo equilibrio. Será preciso obrar con paciencia y afecto, pero también con pedagógica firmeza”.

 

“No sólo las escuelas de gestión privada o eclesial, sino también las de gestión estatal, deberían atenerse a este principio. Inculcar a los niños y adolescentes una visión de la sexualidad que juzgamos errada desde el punto de vista antropológico, inaceptable desde el punto de vista moral, mal informada desde su pretendida ciencia, y ruinosa desde sus consecuencias prácticas, es atentar contra la libertad de conciencia y el derecho natural a la patria potestad”, acotó al referirse a lo que sucede con la difusión masiva de la revista “Educación sexual integral. Para charlar en familia” editada por el Ministerio de Educación de la Nación.

 

“La educación de niños, adolescentes y jóvenes, es entre todos los oficios públicos, el más serio de ellos. Así lo decía la sabiduría de la antigüedad. Así sigue siendo hoy. Debemos recordar que nuestros niños y adolescentes están en un tránsito difícil y riesgoso hacia su verdadera estatura humana. Es preciso educar dando testimonio de que lo que es bueno, grande y hermoso tiene el precio del esfuerzo, a veces de la oscuridad y la renuncia al propio gusto”, agregó.



Siguiente Noticia Buenos Aires Unidos y Boca abren el juego en cuartos de final

Noticia Anterior Realizarán censo pesquero para conocer la situación del sector

Nos interesa tu opinión:

Comentarios:

No hay comentarios

Deja un comentario