Los analistas de la industria aceitera llamaron a profundizar los desarrollos genéticos de resistencias y adaptación ambiental del cultivo, y a trabajar en la creación de una escala comercial que Argentina aún no tiene, apuntando a una mayor eficiencia logística e industrial.

 

Como cierre de la primera jornada de la 18ª Conferencia Internacional de Girasol se llevó a cabo un panel sobre “Presente y futuro del mercado de aceite de girasol”.

 

Este encuentro científico que comenzó el 27 de febrero continuará hasta el 29 en Mar del Plata para culminar el 1 de marzo en una jornada a campo en la Unidad Integrada INTA Balcarce.

 

Aquí, 650 investigadores y técnicos de todo el mundo se han dado cita para debatir temas clave que hacen al crecimiento de un cultivo estratégico para la alimentación mundial, en el que la Argentina es líder en conocimiento.

 

Los mercados fueron abordados en primera instancia por Jorge Domínguez, de Molinos Río de La Plata, quien brindó un panorama sobre las perspectivas del mercado aceitero para las próximas 2 décadas, destacando que “para el 2050 todos los que integramos la comunidad del girasol tendremos que alcanzar el objetivo de aumentar la producción de la mano de la genética principalmente, pero también desarrollando nuestra capacidad para trasmitir los conocimientos a las nuevas generaciones”.

 

Los expertos del panel de mercados concluyeron que el mercado internacional se prepara para un aumento en la producción, lo que reduciría los precios, posicionando al aceite de girasol en un costo por debajo del aceite de soja.

 

Según Domínguez, en la década del 80 Argentina tuvo una participación declinante con el 9% del mercado mundial de aceite de girasol, mientras que en la década del 90 esa participación se redujo al 7,5%.

 

“En mi criterio tenemos que abocarnos a tres áreas de trabajo para hacer del girasol un negocio más grande a nivel mundial: reducir los costos de producción por tonelada de aceite, adaptar el cultivo a las regiones semiáridas y promover el consumo de aceite, tanto de consumo, como para la industria”, consideró el referente de la industria aceitera argentina.

 

Al respecto explicó que en materia de costos “estamos en una situación intermedia, pero es un aceite más caro de producir que el de palma y de soja”. Ocurre que la harina de girasol aporta bastante menos que la colza y la soja como crédito para bajar el costo de la producción de aceite. Por ello Domínguez afirmó que “esta es un área donde podemos seguir mejorando, pues es el camino para incrementar la competitividad a lo largo de toda la cadena”.

 

Con relación a la importancia de avanzar en la adaptación del girasol en las zonas subhúmedas, Domínguez sostuvo que la participación de las zonas semiáridas cada vez va a ser más importante debido al cambio climático.

 

“Si no hubiera sido por la paloma, en un año niña como éste el área de girasol podría haber sido mucho mayor aprovechando superficies sub-húmedas, pero debemos tener desarrollado el paquete para estos ambientes”, dijo el directivo de Molinos Río de La Plata. Y añadió que “con estas herramientas podríamos sumar 4 o 5 millones toneladas fácilmente”.

 

Por otro lado, remarcó que es clave ampliar el rango de uso del aceite de girasol, no solo de consumo, promoviendo distintas aplicaciones y combinación de componentes diferenciales (ácidos grasos esenciales), sino también en la industria, como alternativa de biodiesel. Pero advirtió que el alto nivel de ceras del aceite de girasol “prácticamente lo descalifican para el mercado de biocombustibles”, por lo que hay que trabajar en procesos que destraben esta limitante.



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