Dicen que el amor de una madre llega hasta los lugares más remotos, más insólitos.

 El amor de Liliana Ibarra por su hijo llegó al Tribunal Oral  Penal. Ella lucha desde hace tres años para que el caso de su hijo no quede impune.

A Raúl Ibarra lo mataron el 27 de agosto de 2011 con un disparo en el pecho. Tenía 26 años y toda una vida por delante. Trabajaba en una empresa armadora de buques de pesca. Dos veces al mes se juntaba con sus compañeros de trabajo a cenar. “Vino a casa a cambiarse y se fue. Al rato me llamó avisándome que había llegado al trabajo y que, al salir de la cena, se tomaba el colectivo y venía para casa”, dijo Liliana Ibarra a Puntonoticias.

Pero jamás llegó.

-Mamá, estoy yendo a tomar el colectivo.

¿No querés que te pase a buscar, hijo?

-No ma, no te preocupes. Cuando estoy llegando te llamo. Vos anda a acostarte.

Esas fueron las últimas palabras que Liliana escuchó de su hijo.

Aproximadamente a las 2.30 de la mañana, el celular de la casa de los Ibarra suena. Atiende el otro hijo de Liliana. No sabía cómo darle la noticia a su madre, no pudo hacerlo. Le mintió.

“A Raúl le pegaron un tiro, pero no te preocupes mamá, está bien”. Era mentira. Raúl Ibarra estaba agonizando en la esquina de 12 de Octubre y Figueroa Alcorta.

Tres personas habían sido echados de una whisquería de la zona y caminaron por 12 de Octubre. Más adelante, se toparon con Raúl y un compañero que estaban esperando el colectivo. Sin agresión ni discusión de por medio, uno de los tres sacó un arma y bajo la frase “qué me mirás” le pegó un tiro en el pecho a Raúl y se fueron en dirección al mar.

Una hora y media estuvo mi hijo tirado en la calle. Primero lo llevaron al sanatorio de Flemming y Juan B. Justo y después lo trasladaron al Hospital Regional donde murió cuando lo estaban interviniendo quirúrgicamente para sacarle la bala”, declaró Liliana en su habitación en el hotel Flamingo de moreno al 2100 donde trabaja desde 2011.

Hoy, tras 3 años de ocurrido el hecho, la causa está en foja cero. Liliana ya no sabe cómo pedir justicia por su hijo. Lo único que espera, junto a su abogado Osvaldo Bonfini, es que el nuevo fiscal de la causa, Alejandro Pelegrinelli, los escuche. Liliana afirma una sola cosa: “El que mató a mi hijo es el mismo chico que asesinó a Ariel Dimeglio días después para robarle la moto”.

Dimeglio había ido a visitar a su novia cuando un delincuente le pegó un tiro sin mediar palabra y se llevó su moto. Tiempo después lo atraparon y ahora cumple una condena por ese crimen.

Si bien se encuentra tras las rejas, Liliana quiere que Juan San Martín, el delincuente y asesino en cuestión, también pague por la muerte de su hijo Raúl.

“Mi vida se terminó ese día. A mí me mataron junto con él. Si hoy estoy viva es porque estoy luchando para que se haga justicia, pero yo ya no quiero vivir más

Una madre sumergida en un profundo dolor. Una muerte sin respuesta. Otra vida más perdida por nada.



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