El avistaje de ejemplares ballena franca austral frente a las costas de Mar del Plata ya dejó de ser una casualidad y resulta cada vez más frecuente entre los meses de julio y setiembre.

Parsimoniosos, a veces mostrando la cola o expulsando vapor, los cetáceos hacen en una escala en su viaje al sur, a los golfos Nuevo y San José, en Chubut, para procrear y amamantar a su descendencia.

Algunos especialistas coinciden en afirmar que la geografía de las costas de Mar del Plata se asemeja a las del sur lo que lleva a las ballenas a elegirla para descansar.

Las ballenas franca austral son mamíferos de unas 40 toneladas y de hasta 16 metros de largo, que viajan a las aguas del Chubut para aparearse.

La experiencia de ver una ballena se erige en uno de los grandes atractivos turísticos que ofrece la Argentina.

Así se puede apreciar todos los años en Península Valdes y Golfo Nuevo.

Mientras tanto, en Mar del Plata no pasa de una curiosa postal que brinda la naturaleza.

Muchos se preguntan si no será tiempo de plantear esta posibilidad turística seriamente y analizar hasta dónde Mar del Plata no puede posicionarse como un sitio de avistaje de ballenas y volverse un atractivo en meses donde la afluencia turística no es significativa.

Un dato no menor es que en el astillero Contessi se construyó una embarcación para el avistaje de ballenas bajo la superficie, y ser también observado por ella a menos de un metro de distancia.

Este semisumergible que adquirido por una empresa en Puerto Pirámides y este invierno se volvió en toda una atracción.

Se trata del “Yellow Submarine”, una nave con medidas de superficie similares a las que cotidianamente parten de Puerto Pirámides para los avistajes, y pintada de amarillo (como lo indica su nombre en inglés) aunque bajo el agua tiene un volumen mayor, con un calado superior a los dos metros.

yellow submarineEn ese espacio y entre los dos pontones laterales que son sus flotadores, se dispuso de una cabina para pasajeros con 50 asientos, 40 de ellos junto a una ventana de vidrio para observar las ballenas francas australes en condiciones sin precedentes para el turismo.

El buque da a los pasajeros la posibilidad de circular libremente entre la parte sumergida y el sector al aire libre, para ver a los cetáceos también en la superficie.

Desde abajo, además de observar a estos gigantes del mar se puede también escuchar los sonidos que emite, ya que la nave cuenta con hidrófonos de última generación.



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