Pocas veces la famosa tormenta no reapareció una semana antes o una semana después del 31 de este mes para coincidir con la festividad de Santa Rosa de Lima.

Un relevamiento histórico del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) muestra que la frecuencia de la tormenta de Santa Rosa aumentó a partir de los 90 (excepto sólo en 1995, 2005, 2006 y 2007) y que la cantidad de lluvia varía año a año.

“Durante el invierno no suelen ocurrir tormentas porque se requieren ciertas condiciones atmosféricas y energéticas que son más propias de la primavera y el verano. Sin embargo, a fines de agosto, aumenta la disponibilidad de energía del sistema climático terrestre, lo que produce importantes cambios en la circulación atmosférica regional”, señala el Servicio Meteorológico Nacional.

Se refiere a la combinación del ingreso de aire cálido y húmedo del norte, el aumento de la radiación solar y la entrada de tormentas desde el oeste en niveles medios de la atmósfera.

“Si bien popularmente se espera que la tormenta de Santa Rosa sea más fuerte que cualquier otra, esto no tiene por qué ser así”, aclaran desde el SMN sobre lo que es más un mito que registro histórico.



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