¿Es favorita Argentina frente a Alemania ? Futbolísticamente hablando, no. El seleccionado de Löw es el que toma la posta del juego asociado, de elaboración y de calidad técnica que en el último encuentro ante Brasil demostraron. Del otro lado, la Argentina llega en un momento justo en confianza, espíritu colectivo, hambre de gloria, compromiso con la causa, en la aplicación de la consigna que estableció Sabella desde su asunción, en agosto de 2011: “El todos es más importante que el yo”.

“Somos Argentina, no debemos fijarnos cómo juegan nuestros rivales”, había dicho Messi el día posterior al estreno, frente a Bosnia.

 

La pelota que se utilizará en la final ARGENTINA VS ALEMANIA

 

Sabella, sin gritarlo ni susurrarlo, a partir de Suiza, y sobre todo contra Bélgica y Holanda, también proclama “somos Argentina”. ¿Cuál? Una con menos Fantásticos, pero también sin fantasmas ni complejos sobre su capacidad competitiva. Una más parecida a los equipos de Simeone: arquero seguro, dos centrales imponentes, un mediocampo bien agrupado y una disposición corta entre las líneas, con prevalencia a ocupar más el campo propio. Los modelos exitosos provocan imitación. Alemania fue detrás del de España. Su juego tiene un punto poético, artístico. Argentina llegó aquí con una matriz exclusiva, la de los Cuatro Fantásticos, pero fue mutando hasta este 4-4-2 a lo Simeone. Al que también se equipara en ese convencimiento y tenacidad para ir haciendo realidad los sueños. Orden, organización y progreso. Con pierna fuerte, sobre todo la de Mascherano , y mente de acero ¿O acaso la Argentina no fue partido a partido, como el Atlético de Madrid? ¿Tiene algo más Argentina? Por supuesto, tiene a Messi. Hoy es la tarde, su tarde, la de todos. La de unir el discurso “somos Argentina”. El premio es gordo: la copa de las copas.

Ellos saben que la memoria colectiva distingue a los campeones y por eso, de una vez por todas, quieren pertenecer a ese club de inmortales. La Argentina no es favorita y ellos lo disfrutan. Se regodean. La selección siente que la histórica rivalidad con Alemania aparece justo en la final de la Copa del Mundo, quizá, con el oportunismo de un designio reparador. Porque la resonancia de un triunfo en este clásico moderno tendría maravillosos efectos sanadores. Y en el Maracaná, con bonus extra.

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La selección, escasa en juego pero abundante en confianza, puede sentirse orgullosa por restaurar la afrenta de 24 años sin pisar la definición. Llega tras un tiempo extra y con un día menos de descanso, pero el recorrido global de los alemanes fue más agotador. Así, el impulso anímico será gravitante. Schweinsteiger no lo podía resumir mejor: “Mascherano es el líder de una manada de lobos”. En el durísimo escollo de Alemania también está la oportunidad de darle lustre al final de la obra. Los jugadores argentinos están agazapados, hambrientos, con su espíritu devorador. Se ganaron el derecho de golpear las puertas de la gloria.

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