El equipo médico del hospital Interzonal “Oscar Alende” de Mar del Plata, en conjunto con los obstetras del Materno Infantil “Victorio Tetamanti”, realizaron una compleja intervención a una mujer embarazada que padecía una severa complicación en la placenta.

El cuadro, a su vez, se agravaba por la hipertensión y la obesidad de la paciente. El bebé, Vladymir, nació en medio del procedimiento en perfecto estado de salud y pesó 3,200 kilos.

Cuando Anabella Bargueño cursaba el sexto mes de gestación sintió un dolor extraño. Era una molestia distinta, que nunca había sufrido pese a haber tenido otros cuatro hijos. Los médicos fueron francos y le advirtieron que se trataba de un embarazo de alto riesgo porque padecía una complicación en la placenta, patología cada vez más frecuente entre mujeres que han tenido cesáreas.

El diagnóstico: “acretismo placentario”. De no tratarse correctamente, esta afección provoca la muerte de la madre en 3 de cada 10 casos. Por eso, los especialistas del Tetamanti y del Alende decidieron realizar un complejo procedimiento mediante una embolización de las arterias uterinas para neutralizar cualquier hemorragia.

“La paciente tenía la placenta con una adherencia anormal a las paredes uterinas que le había comprometido la vejiga”, explicó Alejandro Delacasa, jefe del servicio de Hemodinamia, Angiología General y Terapéutica por Cateteterismo del hospital Alende de Mar del Plata. “Nos encontramos frente a un cuadro muy complejo, con alto riesgo de vida”, señaló.

Los médicos tenían un doble desafío: en un mismo procedimiento debían llevar acabo la embolización de las arterias uterinas y realizar la cesárea para que naciera Vladymir. “Contamos con un equipo profesional compuesto por obstetras, anestesiólogos y neonatólogos”, indicó Delacasa.

“El primer paso fue aplicar unas vainas introductoras en las arterias femorales”, explicó. “Una vez realizada esa intervención, fue el turno de los obstetras, quienes realizaron la cesárea”, agregó. “Y en un tercer movimiento aplicamos los catéteres hacia las arterias uterinas para embolizarlas con distintas sustancias y disminuir la vascularización”.

Pero la cirugía no terminó ahí. Como Anabella tenía seriamente comprometido el útero y la vejiga, los especialistas le practicaron una histerectomía –extirpación del útero–, y reconstruyeron el otro órgano afectado.

“Este tipo de complicaciones con la placenta son cada vez más frecuentes y están asociadas al aumento en la tasa de cesáreas”, indicó Néstor Moscardi, obstetra del hospital Tetamanti y responsable del nacimiento del bebé.

LA RECUPERACIÓN

Mariano, el papá de Vladymir, recorre unos 80 kilómetros diarios desde la localidad de General Pirán, en Mar Chiquita, hasta Mar del Plata para visitar a su mujer y al bebé. Hoy ambos se recuperan en una sala común del hospital Tetamanti. “Están muy bien, yo estoy contento y agradecido, no veo la hora de poder llevármelos a casa”.

Si bien este tipo de procedimientos se realizan en el materno infantil, en esta oportunidad, y por el sobrepeso de la paciente, los médicos decidieron derivarla al Alende. No obstante, una vez recuperada de la operación fue trasladada nuevamente al Tetamanti para poner la atención sobre todo en el bebé.

“Estamos sorprendidos con la evolución de Anabella. La intervención fue hace menos de una semana y ella se encuentra en perfecto estado”, señaló Moscardi. Y agregó: “El bebé no tuvo ninguna complicación, incluso, pese a haber nacido de 36 semanas, tiene un peso ideal: 3,200 kilos”.



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