Marzo de 1999, la selección argentina dirigida por Marcelo Bielsa juega un amistoso ante Holanda, en Amsterdam. En la cena, hay canelones de espinaca, pero todos desconfían de su extraño sabor. Casi nadie los come y se toma una decisión: desde entonces, se incorporó un cocinero a los viajes de los planteles argentinos. Giras, campeonatos, mundiales, siempre está allí.

A partir de ese encuentro bisagra, Diego Iacovone es el chef de la selección y en Brasil 2014 está viviendo su cuarto Mundial, luego de ir a Corea-Japón 2002, Alemania 2006 y Sudáfrica 2010. Él se encarga de alimentar los sueños de los 23 integrantes del plantel. Es un hombre muy querido por los jugadores y trabaja en AFA desde 1998, cuando sólo tenía 20 años y el técnico era Daniel Passarella.

En Cidade do Galo, Iacovone tiene la cocina a su cargo y deleita a los futbolistas en el tercer piso de la concentración, donde está el comedor. Allí, David, mozo de AFA, en Ezeiza, quien vino desde Buenos Aires con la delegación, les sirve los platos a los muchachos, con estrictos horarios para las cuatro comidas del día.

La dieta de la selección en el Mundial es a base de proteínas e hidratos de carbono. De 8.30 a 9.30, hay desayuno, con infusiones, jugos, frutas, tostadas, mermeladas, dulce de leche, yogourth, cereales y queso. A las 13, es el almuerzo, donde los jugadores se sirven carne, pollo o pescado, según la ocasión, siempre a la plancha, verduras cocidas, ensaladas y pastas. A las 17, toman la merienda y, a las 21, la cena, con un régimen parecido al del almuerzo.

La mayoría de los alimentos se compran en Brasil y son supervisados por tres nutricionistas que Atlético Mineiro, dueño del predio, puso a disposición. De todos modos, se trajeron algunas cosas desde la Argentina. Volaron hasta aquí latas con 150 kilos de dulce de membrillo y batata para hacer pasta frola, 30 kilos de dulce de leche, 100 kilos de yerba, 600 saquitos de té, 400 de mate cocido, más cajas de alfajores para algún antojo nocturno.

En Cidade do Galo, se instalaron parrillas para el clásico asado. Por ahora, hubo uno solo, obviamente, a cargo de Iacovone. Fue el viernes último al mediodía en la antesala del partido de octavos de final ante Suiza. De todos modos, según cuentan en la intimidad, la carne que consiguieron en Belo Horizonte no es tan rica como cuando se hacen las clásicas parrilladas en Ezeiza.



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