El obispo de Mar del Plata, monseñor Antonio Marino, presidió la celebración de Corpus Christi que se desarrolló en la Iglesia Catedral y luego, como es tradición, la procesión por las calles del centro.

El templo estuvo colmado de fieles, decenas de sacerdotes concelebraron la misa, se hicieron presentes autoridades civiles, de las fuerzas armadas de la ciudad y abanderados de colegios católicos.

“Si no queremos sucumbir ante las tentaciones del camino, debemos alimentarnos con frecuencia con este pan (eucaristía). Con él se nos abrirán los ojos para descubrir otras formas de presencia del Señor en la vida cotidiana” expresó en su homilía, monseñor Marino.

Corpus Christi_2014_monseñor MarinoMás adelante, el prelado manifestó que la eucaristía es también impulso para el testimonio misionero e hizo un fuerte llamado a la caridad concreta con los más pobres. “Es mi deseo como obispo que nuestra diócesis de Mar del Plata muestre más y más su fidelidad al Señor mediante el testimonio de una activa caridad y el compromiso de la misión permanente”, destacó.

En ese sentido, agradeció a las diversas instituciones dedicadas a la acción caritativa de la Iglesia por su valioso testimonio, y al mismo tiempo deseó alentar a sus miembros “a no dejar enfriar el entusiasmo por servir a Cristo en los más humildes de nuestros hermanos”.

Luego de la distribución de la comunión, todos los fieles, se encolumnaron detrás del Santísimo Sacramento que fue llevado en andas por sacerdotes. Lo escoltaban los pequeños “niños adoradores de Jesús”, y los monaguillos de las distintas comunidades de la ciudad.

Las parroquias y movimientos llevaron pancartas identificatorias y la animación estuvo a cargo de un coro formado por jóvenes. La procesión se realizó por las calles Mitre, siguiendo por Rivadavia hasta Catamarca y retomó por San Martín hasta llegar a la explanada de la Catedral.

El obispo de Mar del Plata, en las puertas del templo realizó la bendición con el Santísimo Sacramento. Al finalizar agradeció a las autoridades presentes, a los abanderados, a los monaguillos y a los niños adoradores. “A la Virgen le encomendamos nuestras intenciones, y las de toda nuestra diócesis”, concluyó.



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