Miles de personas se congregaron el sábado pasado en la Catedral de Mar del Plata, para participar de la vigilia de Pentecostés que comenzó con la misa presidida por el obispo diocesano, monseñor Antonio Marino.

El encuentro se prolongó pasada la 1 de la mañana, y fue animado por cinco movimientos de la Iglesia: la Renovación Carismática, Convivencias con Dios, el movimiento de la Palabra de Dios, Cenáculo Vivo y Maranathá.

En esta fiesta, cincuenta días después de la Pascua se rememora la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles, que los impulsó a salir a evangelizar; y también se conmemora en todo el mundo el nacimiento de la Iglesia Católica.

Durante la eucaristía, monseñor Marino, destacó la diversas carismas, movimientos e instituciones que hacen a la unidad de la Iglesia, “nosotros estamos unidos por la fe en Jesucristo: todos creemos lo mismo, todos tenemos la misma esperanza de la gloria definitiva y de la renovación de nuestro mundo. Y todos, aún siendo muy distintos, podemos entendernos porque hablamos la misma lengua, el lenguaje universal del amor a Dios y entre nosotros. No queremos aislarnos de los demás sino ensanchar nuestra casa para que todos se conviertan a la fe y se sientan a gusto”.

Más adelante, como lo viene haciendo en cada homilía, el obispo hizo un fuerte llamado a la misión, “existimos para esto: para la misión y el testimonio. Existimos para evangelizar”.

“Pentecostés es la fiesta que señala el nacimiento de la Iglesia para el mundo. Es por eso mismo la fiesta de la misión. Porque Iglesia y misión son inseparables. Si desde el lugar donde la Providencia nos puso, o el puesto que la misma Iglesia nos ha asignado a través de sus pastores, no somos cada día más misioneros, seremos cada día menos cristianos. Y no debemos olvidar que una de las formas básicas de salir en misión es la oración perseverante por las necesidades de la Iglesia y sus batallas espirituales ante los desafíos del tiempo”, manifestó el obispo diocesano.

Durante la eucaristía, al momento de las ofrendas, se recordó que lo recaudado en la misa estaría destinado totalmente a la Colecta Anual de Cáritas e incluso algunas personas voluntarias lucieron las pecheras de Cáritas. También hubo sobres en el comulgatorio, para aquellos que quisieran seguir acercando su ofrenda económica durante todo junio.

Al finalizar la celebración, los cinco movimientos que organizaron el multitudinario acontecimiento animaron con cantos y oraciones. Tres pantallas gigantes ubicadas en el templo, permitieron seguir la letra de las canciones y animar a los presentes. También hubo momentos de adoración eucarística, de reflexión, de meditación de la Palabra de Dios y también de alabanza y alegría. La vigilia culminó cerca de la 1.30 de la mañana, con imposición de manos de los sacerdotes y aún a pesar del frío con una anima y nutrida concurrencia.



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