El secretario de Niñez y Adolescencia de la provincia de Buenos Aires, Pablo Navarro, resaltó la importancia de la nueva Guía de Convivencia Democrática, un protocolo elaborado por el Ministerio de Educación de la Nación y destinado a los docentes para abordar situaciones de violencia vinculadas con la vida escolar.

La guía fue presentada esta semana a los funcionarios de todas las provincias en el marco del Consejo Federal de Niñez, Adolescencia y Familia, que se desarrolló en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Sobre este trabajo, Navarro expresó que “se trata de una herramienta fundamental porque aúna criterios de intervención para los docentes de todo el país, y ha sido redactado considerando los trabajos provinciales ya existentes en este sentido como la ‘Guía de Orientación para la intervención en situaciones conflictivas y de vulneración de derechos en el escenario escolar’, que fue elaborado en la provincia de Buenos Aires por esta Secretaría en conjunto con la Dirección General de Cultura y Educación provincial, que encabeza Nora De Lucía”.

Navarro destacó además “el trabajo del ministro de Educación, Alberto Sileoni, y de todas las provincias por este importante paso en la lucha contra la violencia en las escuelas” y detalló que en los “últimos 12 meses, la Secretaría intervino en 29 casos que superaron la instancia escolar y llegaron al Sistema de Promoción y Protección de Derechos del Niño, y que fueron abordados por profesionales de los Servicios Zonales o Locales de la Provincia”.

En detalle, según números de Registro Estadístico Unificado de Niñez y Adolescencia (REUNA) de la Secretaría, desde el 1 de mayo de 2013 hasta el 30 de abril de 2014 se abordaron un total de 29 casos, de los cuáles 16 son mujeres y 13 varones. Además el 70% tiene entre 12 y 17 años, con un total de 20 casos.

La licenciada en Educación y docente de la Dirección Provincial de Planificación de la Secretaría de Niñez, Julia Zafra, asegura que “el bullying no es una agresión cualquiera en el ámbito escolar. Es el hostigamiento y la violencia sostenida en el tiempo y requiere de una complejidad relacional entre un niño o adolescente que no puede controlar sus niveles de agresividad y su capacidad de percibir al otro como sujeto de derecho, y una víctima con cierto grado de vulnerabilidad”.

“En general, el niño o joven que agrede no ha tenido figuras de crianza que pudieran instalar en él mecanismos necesario para el control de su violencia. Este proceso no se ha cumplido o no ha sido exitoso”, agrega.

“Además, la segregación de un chico por parte de sus pares en el colegio, facilita este tipo de conducta porque instalan el foco en la posible víctima y además alientan al agresor a traspasar barreras que otros no se animan”, explica.

Con respecto al abordaje de estas situaciones, la especialista indica que “se requiere de una prevención temprana, es decir, previo al hecho consumado de agresión” y resalta que es fundamental “no solo detectar a los chicos que agreden, que fácilmente son identificados, sino también a los niños que puede llegar a ser vulnerables y convertirse en víctimas”.



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