La cuarta edición del festival literario que reúne a destacados referentes del género negro y adyacentes, el Festival Azabache Negro y Blanco, tuvo su jornada de cierre el domingo en la Plaza del Agua y en diferentes cafés de la zona.

Desde el pasado jueves, decenas de escritores y miles de lectores se acercaron a las diversas charlas y presentaciones de libros donde el tema convocante fue, sin dudas, la literatura como estadio para repensar a nuestras sociedades y la impronta de lo policial en la vida cotidiana.

Escritores de la talla del español Manuel Rivas, autor de “Las voces bajas” o “Todo es silencio” y el mexicano Jorge Volpi, quien ha publicado novelas tales como “Leer la mente”, “No será la tierra” y “Días de ira”, entre otras, se destacaron en el entramado de propuestas de la edición de este año del Festival.

Pero además, referentes del género en nuestro país como Guillermo Martínez y Claudia Piñeiro compartieron mesas, entrevistas públicas y hasta desayunos con los lectores que coparon todas las salas en las que se desarrollaron las actividades: Ché café, Barcelona, La Bodeguita, Estancia Mendoza, Café Corso, la Escuela Superior de Artes Visuales Martín Malharro y el Teatro Municipal Colón.

El epicentro, no obstante, fue la nave de la Plaza del Agua, espacio que Cultura Mar del Plata gestiona con el fin de promover actividades que pongan de relieve la identidad cultural de nuestra comunidad y que en esta ocasión se constituyó en un ámbito de encuentro entre los importantes visitantes que arribaron a nuestra ciudad para hablar de literatura y los miles de vecinos que, no solamente se acercaron a conocerlos, sino también a encontrarse con las obras escritas, ya que allí se ubicaron diversos stands donde la creciente industria editorial marplatense dejó su impronta.

Además de escritores con larga trayectoria y que cuentan con importante reconocimiento del público aficionado al género, como son los casos de los ya nombrados Manuel Riva y Jorge Volpi, también se dieron cita en nuestra ciudad el norteamericano William Gordon, el compañero de la chilena Isabel Allende que se dedicó a la literatura luego de haber cumplido los 69 años; el colombiano Gustavo Forero, autor de destacadas novelas que aun no han sido editadas en nuestro país pero que además cuenta con un extenso trabajo académico en relación a la construcción del crimen en la literatura, y su compatriota Selnich Vivas Hurtado, referente de la literatura en su país y docente de la Universidad de Antioquía; el español Juan Manuel Molina Foix, escritor, editor y asesor literario; los uruguayos Rodolfo Santullo y Ercole Lissardi, al igual que el italiano Bruno Arpaia y el mexicano Tryno Maldonado.

La presencia del popular escritor e historietista argentino Juan Sasturain en diferentes presentaciones fue también una ficha segura en este Festival, al igual que la premiada Claudia Piñeiro y sus colegas Gustavo Nielsen, Guillermo Martínez, Eduardo Mallo y Enrique Symms, entre otros.

Asimismo, los marplatenses tienen su lugar ganado en este festival, no solamente por la importancia de dar difusión a la obra que se produce en nuestra ciudad sino también por la gran producción y la calidad de las presentaciones a las que ya tienen acostumbrados al público que los lee y reconoce en sus textos un reflejo de nuestra identidad en las letras locales: Juan Carrá, Fernando del Río, María José Sánchez, Jorge Chiesa, Sebastián Chilano, Gonzalo Viñao, son solo algunos de los referentes marplatenses.

La literatura infantil gana terreno en el Festival

Un párrafo aparte merecen la gran cantidad de exponentes de la literatura infantil y juvenil, que en esta edición del Festival afirmaron su presencia y cobraron gran relevancia, especialmente porque su participación fue coronada por la respuesta del público.

El referente del fantasy, Leo Batic, la joven Victoria Bayona, el autor de la reconocida saga “Cuentos de terror para Franco”, Hugo Mitoire, así como los exponentes Nico Pinto Heck, María Inés Linares y Marisa Potes, entre otros, dieron la nota con una presencia que atrajo a grandes y chicos, tanto en el segmento conocido como “Azabachito”, como en las charlas de presentaciones de libros y tertulias de debate.

De este modo, fueron también una clara muestra de la tendencia creciente a expandir el género a terrenos adyacentes que reformulan y que mantienen en constante reconstrucción un género que ocupa un espacio privilegiado en las bibliotecas hogareñas.



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